
Hoy tuve el gusto de ver en televisión una entrevista al pintor Miguel Núñez. Mientras lo escuchaba hablar, comprendía que, más que un artista de extraordinario talento, estaba frente a un hombre profundamente agradecido y comprometido con la historia dominicana.
Miguel no pinta a Duarte por encargo ni por moda. Lo pinta por respeto. Cada trazo de su pincel nace del deseo de acercarnos al verdadero rostro del Padre de la Patria, después de años de estudiar documentos, fotografías y testimonios para ser lo más fiel posible a la realidad.
En sus palabras se percibe una admiración serena. No habla de Duarte como una figura distante de los libros, sino como un dominicano de carne y hueso, con la grandeza moral que hizo posible el nacimiento de nuestra República.
Quizá ese sea el mayor mérito de Miguel Núñez: haber logrado que muchos volvamos a mirar a Duarte con ojos nuevos. Sus cuadros no solo muestran un rostro; transmiten carácter, dignidad, firmeza y amor por la patria.
Escucharlo hoy fue confirmar que el arte también puede ser una forma de servicio. Hay pintores que dejan colores sobre un lienzo. Miguel ha decidido dejar memoria sobre la conciencia de un pueblo.
Por eso no me sorprendió escuchar al doctor Wilson Gómez Ramírez, presidente del Instituto Duartiano, definir a Miguel Núñez como “el pincel de la patria”. Difícilmente podría encontrarse una expresión más justa. Porque, con paciencia, estudio y una sensibilidad poco común, Miguel ha contribuido a que los dominicanos nos reencontremos con el verdadero rostro de Juan Pablo Duarte. Su obra no solo embellece nuestros espacios; fortalece nuestra memoria histórica y nuestro sentimiento de identidad nacional.
Creo, además, que ese reconocimiento cobra aún más fuerza porque proviene de quien preside la institución llamada a custodiar el legado de Duarte. Es, en cierto modo, un homenaje que trasciende al artista y reconoce una vida dedicada a servir a la patria desde el arte.
Porque, con paciencia, estudio y una sensibilidad poco común, ha contribuido a que los dominicanos nos reencontremos con el rostro de quien nos enseñó que la libertad, la soberanía y la dignidad de una nación son ideales que nunca deben dejar de defenderse.
Gracias, Miguel, por recordarnos que el mejor homenaje a Duarte no consiste únicamente en admirar su imagen, sino en mantener vivos sus principios.
Domingo Nuñez
