A 53 años del fatídico golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende y su heroica muerte defendiendo la dignidad del pueblo de Chile.

Hay imágenes que, vistas más de medio siglo después, necesitan algo de contexto para comprender todo lo que representan. Es el caso de estos encuentros entre Fidel Castro y Salvador Allende, dos figuras centrales de la historia latinoamericana del siglo XX.

En noviembre de 1971, Fidel Castro llegó a Chile invitado por el gobierno de Salvador Allende. No fue una visita breve. Permaneció 23 días, recorrió buena parte del país, visitó minas, fábricas y universidades y sostuvo numerosos encuentros con trabajadores y estudiantes. Su despedida tuvo lugar el 2 de diciembre en el Estadio Nacional de Santiago.

Chile vivía entonces una experiencia política que despertaba enorme interés dentro y fuera de América Latina. Allende había llegado a la Presidencia por la vía electoral en 1970 al frente de la Unidad Popular y planteaba avanzar hacia profundas transformaciones sociales y económicas manteniendo el marco institucional chileno. En julio de 1971, el Congreso había aprobado por unanimidad la nacionalización de la gran minería del cobre.

Cuba llevaba otro camino. La Revolución de 1959 había transformado radicalmente la estructura política y económica de la isla y el país se encontraba estrechamente vinculado a la Unión Soviética, en plena Guerra Fría.

Ahí radicaba precisamente uno de los aspectos interesantes de la relación entre Fidel y Allende: existía afinidad política y personal, pero representaban experiencias diferentes. Cuba había llegado al socialismo mediante una revolución armada; Allende defendía lo que se conoció como la vía chilena al socialismo, utilizando las elecciones y las instituciones existentes.

Un año después las imágenes se invirtieron.

En diciembre de 1972 fue Salvador Allende quien llegó a La Habana. Y el momento era considerablemente más complicado para su gobierno. Durante aquel año Chile había vivido una creciente confrontación política y graves dificultades económicas; en octubre se produjo, además, un prolongado paro de camioneros que agudizó la crisis.

En Cuba, Allende recordó la visita realizada por Fidel a Chile el año anterior y habló de la solidaridad entre ambos pueblos. Su discurso en La Habana deja constancia de la importancia que otorgaba a aquella relación.

Vistos juntos, los dos videos cuentan mucho más que dos visitas oficiales.

1971: Fidel en Chile.
1972: Allende en Cuba.

Son imágenes de una América Latina inmersa en las grandes tensiones de la Guerra Fría: revolución y democracia, socialismo y capitalismo, soberanía nacional, influencia estadounidense, presencia soviética y una intensa lucha política dentro de los propios países.

Y hay algo que hoy resulta inevitable al contemplarlas: quienes aparecen abrazándose, conversando y hablando ante multitudes todavía desconocían lo cerca que estaba uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia contemporánea de Chile.

Nueve meses después de aquella visita de Allende a Cuba, el 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas encabezaron el golpe de Estado que derrocó al gobierno de la Unidad Popular. Salvador Allende murió ese mismo día en el Palacio de La Moneda.

Por eso estas viejas imágenes tienen hoy un valor que va más allá de la simpatía o el rechazo que puedan despertar sus protagonistas.

Son documentos de una época.

Fidel y Allende representaron caminos diferentes, compartieron afinidades y fueron protagonistas de un tiempo en que América Latina buscaba, en medio de enormes conflictos, respuestas propias para su futuro.

Mirar estas imágenes más de cincuenta años después no obliga a compartir sus ideas. Pero sí invita a conocer el contexto, porque la historia se comprende mejor cuando, antes de juzgarla, tratamos de entender el tiempo en que ocurrieron los hechos.

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