Una información publicada recientemente por RT llamó nuestra atención.
El empresario tecnológico Kim Dotcom, entrevistado por Tucker Carlson, hizo una sombría predicción sobre el futuro económico de Estados Unidos. A su juicio, la enorme deuda que acumula ese país podría conducirlo hacia una “gran depresión”.
“Demasiada deuda. Se está hundiendo. No hay nada que pueda impedirlo”, afirmó.
La expresión es fuerte. Quizás demasiado fuerte.
Una cosa es advertir sobre un problema real y otra muy distinta dar por inevitable el hundimiento de la mayor economía del mundo.
Pero detrás de esas palabras existe una realidad que no debemos ignorar: Estados Unidos tiene un serio problema de endeudamiento y déficit fiscal.

Según las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO), la deuda federal en manos del público ronda actualmente el tamaño de toda la economía estadounidense y, de mantenerse la tendencia, seguirá aumentando durante los próximos años.
Dicho de manera sencilla: el Gobierno estadounidense lleva mucho tiempo gastando más de lo que recauda y cubriendo buena parte de esa diferencia con deuda.
Y las deudas, tarde o temprano, pasan factura.
Estados Unidos no se está hundiendo mañana
Aquí debemos poner las cosas en su justo lugar.
Estados Unidos continúa siendo la mayor potencia económica y financiera del mundo. Posee una extraordinaria capacidad productiva, tecnológica y científica. El dólar sigue ocupando una posición privilegiada en el sistema financiero internacional.
Además, las proyecciones actuales no describen una economía en depresión. El Fondo Monetario Internacional todavía espera crecimiento de la economía estadounidense durante 2026.
Por eso sería exagerado afirmar que estamos a las puertas de otro 1929.
Sin embargo, el problema de la deuda está ahí.
Mientras más debe un país, mayores recursos tiene que dedicar al pago de intereses. Y el dinero destinado a intereses no puede gastarse al mismo tiempo en educación, salud, carreteras, investigación, seguridad social o infraestructura.
Ese es quizás el peligro menos visible de una deuda creciente.
No necesariamente provoca un derrumbe de un día para otro. Puede ir reduciendo poco a poco la capacidad de un gobierno para enfrentar sus necesidades y responder ante una nueva crisis.
¿Y qué tiene que ver esto con nosotros?
Mucho más de lo que pudiera parecer.
Para República Dominicana, Estados Unidos no es simplemente otra economía extranjera.
Es nuestro principal socio comercial y uno de nuestros mayores mercados. Hacia allí se dirige más de la mitad de nuestras exportaciones. De allí procede una parte considerable de nuestros turistas, inversiones y remesas.
Y en Estados Unidos vive, además, una parte importante de nuestra familia dominicana.
Por eso lo que ocurra allá termina sintiéndose aquí.
Pensemos solamente en las remesas.
Durante los primeros cinco meses de 2026 llegaron al país más de cinco mil millones de dólares enviados principalmente por dominicanos residentes en el exterior.
Pero detrás de esos millones hay algo que las estadísticas no cuentan.
Hay una madre que compra los medicamentos con el dinero que manda su hija desde Nueva York.
Hay una familia que completa la compra del supermercado.
Hay muchachos que pagan sus estudios.
Hay viviendas que se levantan, pequeños negocios que funcionan y comunidades enteras donde esos dólares circulan cada mes.
Por eso, si una crisis económica profunda provocara desempleo entre nuestros compatriotas residentes en Estados Unidos, la consecuencia terminaría llegando también a nuestros hogares.
Lo mismo podría ocurrir con las zonas francas.
Si el consumidor estadounidense compra menos, nuestras empresas exportan menos.
Si las familias norteamericanas reducen sus viajes, nuestro turismo puede resentirse.
Y si una crisis provoca inestabilidad financiera internacional, conseguir dinero prestado también puede resultar más caro para países como el nuestro.
Así de estrecha es la relación.
República Dominicana también tiene fortalezas
No debemos caer tampoco en el pesimismo.
La economía dominicana ha mostrado una considerable capacidad de resistencia frente a las crisis internacionales.
Durante el primer semestre de 2026, la actividad económica registró crecimiento; las exportaciones, el turismo, las remesas y la inversión extranjera continuaron aportando miles de millones de dólares, mientras el país mantiene un importante nivel de reservas internacionales.
Eso nos ofrece cierto margen de protección.
Pero no significa que podamos dormir tranquilos.
Precisamente cuando las cosas marchan relativamente bien es cuando un país debe prepararse para los tiempos difíciles.
La lección que debemos aprender
Quizás esa sea la parte más importante de esta historia.No sabemos si se cumplirá la sombría predicción de Kim Dotcom. Personalmente, preferimos tomarla como una advertencia y no como una sentencia.
Estados Unidos ha atravesado guerras, depresiones, recesiones, crisis financieras y profundas transformaciones sociales, y ha demostrado una extraordinaria capacidad para recuperarse.
Pero tampoco existe economía invulnerable.
Y ahí aparece nuestra propia reflexión.
República Dominicana debe aprender a mirar más allá de los buenos números del presente.
Tenemos que producir más.
Exportar más.
Agregar mayor valor a lo que producimos.
Fortalecer nuestra agricultura y nuestra industria.
Diversificar nuestros mercados.
Reducir la dependencia de las importaciones en aquellas áreas donde tenemos capacidad para producir.
Y, sobre todo, aprovechar el crecimiento económico para construir una economía dominicana cada vez más resistente a las tormentas que puedan venir desde fuera.
Estados Unidos seguirá siendo nuestro principal socio económico durante mucho tiempo. La cercanía geográfica, el comercio y los millones de dominicanos que viven allí hacen de esa relación algo prácticamente inseparable.
Eso constituye una enorme fortaleza.
Pero también nos hace vulnerables.
Por eso la información publicada por RT merece atención, aunque no necesariamente tengamos que compartir su conclusión más dramática.
No sabemos si Estados Unidos se dirige hacia una gran depresión.
Lo que sí sabemos es que su enorme deuda constituye un problema que deberá enfrentar.
Y nosotros debemos observarlo con atención.
Porque vivimos en un mundo donde las crisis económicas no necesitan visa ni pasaporte para cruzar las fronteras.
Cuando Estados Unidos estornuda, República Dominicana debe cuidarse.
Y quizás lo verdaderamente inteligente sea comenzar a cuidarnos antes de escuchar el primer estornudo.
Domingo Núñez, economista
DomingoLaRevista
Fuente de partida: RT Actualidad. Información contrastada con datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO), Fondo Monetario Internacional, Banco Central de la República Dominicana y Dirección General de Aduanas.
