Una decisión oportuna que honra nuestras raíces

Domingo Núñez

La reciente decisión del presidente Luis Abinader de crear, mediante el Decreto 245-26, una comisión para conmemorar el sesquicentenario del fallecimiento de Juan Pablo Duarte, merece ser valorada con sentido de justicia histórica y profunda gratitud nacional.

No se trata de un simple acto administrativo. Es, en esencia, un gesto de afirmación patriótica. Duarte no es una figura del pasado encerrada en los libros: es una conciencia viva que interpela el presente y orienta el porvenir. Recordarlo a 150 años de su partida no es un ritual, sino una necesidad moral de la nación dominicana.

La creación de esta comisión —con la participación de instituciones del Estado, de la sociedad civil y de referentes del pensamiento histórico— abre una valiosa oportunidad para reencontrarnos con el ideario duartiano: la honestidad en la vida pública, el sacrificio por el bien común y la defensa inquebrantable de la soberanía nacional. Que el Ministerio de Cultura asuma la coordinación técnica refuerza el carácter educativo y formativo de esta conmemoración.

Es justo reconocer que este tipo de iniciativas contribuyen a fortalecer la identidad nacional, especialmente en tiempos donde las sociedades tienden a perder contacto con sus raíces. Duarte fue, ante todo, un sembrador de principios. Su vida nos recuerda que la patria no se hereda: se construye día a día con responsabilidad y conciencia.

En este contexto, resulta igualmente digno de elogio el aporte del pintor dominicano Miguel Núñez, quien ha sabido recoger, con sensibilidad artística y compromiso histórico, la imagen de Duarte a través de sus pinturas al óleo. Su trabajo —llevado incluso al formato de libro— no es solo una expresión estética, sino un acto de devoción patriótica. Cada trazo parece decirnos que Duarte sigue entre nosotros, no como estatua inmóvil, sino como inspiración permanente.

Celebrar a Duarte es también agradecer. Agradecer su visión, su entrega y su fe en un pueblo que aún está llamado a realizar plenamente su proyecto de nación. Por eso, esta comisión no debe limitarse a actos protocolares; debe convertirse en un espacio de reflexión profunda, de educación cívica y de renovación de valores.

Hoy más que nunca, la figura de Duarte nos convoca. Y decisiones como esta, tomadas desde el Estado, ayudan a mantener encendida la llama de la dominicanidad.

Porque recordar a Duarte no es mirar hacia atrás: es asumir, con dignidad, el compromiso de ser mejores como nación.

Domingo Núñez