
La función del líder
Hola buenos días hermanos y amigos lectores. Quiero compartir con ustedes algunas reflexiones relativo a los desafíos del liderazgo político en una coyuntura económica, social y política determinada.
Antes quiero invitarlo a leer algunos fragmentos sobre la función del líder escrito por el profesor Juan Bosch.
Ahí le va:
“Entre los estudiosos de las ciencias sociales y políticas que tenemos en la República Dominicana hay algunos, y por ciertos autores de libros, que tienen ideas muy peregrinas acerca de lo que es un líder; de cómo se comporta un líder político dentro de su organización. Para esos señores, un líder es un energúmeno que se les impone mediante el terror a todos los miembros del partido en que ese líder figura.
(…) los líderes de un partido resultan ser líderes o quedan convertidos en líderes en la medida en que una parte del pueblo, una clase o una alianza de clases siguen sus orientaciones. De lo que acaban ustedes de leer hay un buen ejemplo en la historia más reciente de nuestro país: a raíz de la muerte de Trujillo vinimos a la República Dominicana unos cuantos líderes del PRD, todos desconocidos de la gran mayoría del pueblo.
Al país no llegó un partido; llegaron sólo unos pocos dirigentes políticos; y sin embargo año y medio más tarde una enorme mayoría de dominicanos votaban por el programa que les habían propuesto esos pocos dirigentes del PRD; escogieron y siguieron ese programa a pesar de que se les propusieron muchos, algunos parecidos y otros opuestos al del PRD.
“El líder, pues, es aquel que expresa lo que el pueblo piensa y siente pero no puede expresar; y si es así, no hay ni puede haber líder si no hay una parte del pueblo que comparta lo que él piensa (…)
“Hay ocasiones en que uno o más líderes se forman actuando; y tal fue el caso, por ejemplo, de Francisco Alberto Caamaño, que saltó del casi anonimato al liderazgo gracias a la acción militar que encabezó en los días de la Revolución de Abril).”
“La “estructura interna” de la sociedad dominicana exige del líder condiciones especialísimas, que con toda seguridad no tienen que reunir los líderes de los países desarrollados.
Todos los días, y a menudo varias veces al día, al líder dominicano se le presentan problemas que en otros países no tendrían la menor conexión con la actividad política, pero que aquí la tienen. Ya es el caso de un enfermo que debe ser operado de urgencia y sucede que ni él ni sus familiares tienen los medios para operarlo; ya es el de un niño que no tiene libros con qué estudiar y hay que buscárselos; ya es el de un muerto para el que hace falta un ataúd, o el de una mujer del pueblo cuyo hijo ha desaparecido y solicita que se le haga aparecer de cualquier manera. Ante cada uno de esos problemas, el líder dominicano tiene que inventar soluciones, y tiene que inventarlas súbitamente, con la velocidad de un relámpago.
De cada cien soluciones, noventinueve tienen que ser ofrecidas instantáneamente, sobre la marcha, porque “la estructura interna de la sociedad” dominicana, que está determinada por un débil desarrollo de las fuerzas productivas que deja fuera de los beneficios de la producción a la mayoría del pueblo, no les concede a las gentes necesitadas ni siquiera el beneficio del tiempo; no disponen de tiempo para esperar porque el tiempo para ellas significa un vacío que sólo se llena con sufrimientos, con hambre y con desolación.
“La función del líder, en un partido y en su país, es dirigir; pero el que dirige orienta y al mismo tiempo guía; orienta al pueblo y guía a sus partidarios. El líder guía a sus partidarios a través de otros líderes, que son en los hechos representantes políticos de la clase o de las clases sociales que actúan en su partido. Si esas clases son las que explotan al pueblo, la función del líder viene a ser la del traidor; si son las explotadas, la función del líder es encabezar la lucha por su liberación”
Hasta aquí lo planteado por el profesor Juan Bosch.
Desafío del liderazgo político.
Domingo Nuñez Polanco.
En tiempos de crisis, una de las inquietudes que aparece en la sociedad se relaciona con la cuestión del liderazgo político.
El liderazgo político emerge cuando un hombre, una mujer o un equipo que sean capaces de escuchar y entender el complejo de intereses y necesidades de los distintos actores sociales que se dan en toda sociedad civilizada. Sintetizar una visión compartida de futuro que integre todas esas ideas y propuestas desarrollistas para enfrentar los desafíos de gestión y administración relacionados con la implementación de los acuerdos sociales y políticos que nos lleven por la senda del progreso y la estabilidad social.
Estas propuestas de liderazgo político, muchas veces entra en tensión con el proyecto político de los distintos candidatos y partidos políticos, porque requiere de enrolar a la sociedad en objetivos y proyectos que trascenderán un mandato gubernamental.
Crear e inspirar visiones compartidas, requiere de líderes que sean más grandes (en sus capacidades emocionales y de estadista), que el desafío que deben enfrentar. Es por ello que el fenómeno del liderazgo político es tan escaso.
Quien sea elegido en las elecciones generales, si además de gobernar la RD decide liderarnos en un proyecto de cambio y transformación que nos saque del atraso actual y nos lleve a un lugar de mayor grandeza y bienestar, deberá operar en dos niveles. Primero: relacionado con su propio liderazgo personal que lo habilite para afrontar y gestionar sus desafíos del día a día. Y el otro relacionado con su liderazgo colectivo, o capacidad para escuchar, integrar e inspirarnos en una visión compartida de proyecto de país.
El liderazgo nunca alcanza, porque los desafíos siempre se van renovando, en su temática y magnitud. La estrategia frente a ello suele ser la de hacerse fuerte y comprensivo para asimilar los cambios y producir nuevas ideas y acciones personales que esos cambios requieren.
Deberá desarrollar y entrenar habilidades relacionadas con la flexibilidad y adaptabilidad personal al cambio, de modo que tenga disponible tanto aprender de sus propios errores, repararlos y no volver a cometerlos, como por igual generar nuevas soluciones frente a eventuales situaciones imprevistas.
Quién asuma los destinos de la patria tendrá grandes desafíos por delante. El primero de ellos, como decíamos más arriba, tiene que ver con la decisión de pasar de un proyecto político a un proyecto de país.
Gobernar implica la gestión de dos niveles de problemáticas, las coyunturales, muchos de ellas, urgentes, y los estructurales y estratégicos. Sin embargo, en el mundo de la política las iniciativas de procesos sustanciales de desarrollo suelen crear tensiones al interior de los espacios políticos. Eso sucede porque lo que le conviene al partido, coalición o factor de poder que apoya al político, no siempre es lo que le conviene al país.
Resolver este dilema es clave para la emergencia del liderazgo desde su rol colectivo.
Finalmente, el otro gran desafío del liderazgo colectivo en la política tiene que ver con la implementación de las acciones necesarias para producir cambios y mejoras a través de la conjunción de la estructura del estado con los otros integrantes de la comunidad (empresas, sindicatos, organizaciones sociales y no gubernamentales).
Uno de los grandes inhibidores que identificamos a la hora de generar resultados, tiene que ver con los bajos niveles de colaboración, producto de la desconfianza y de la falta de práctica de políticas de estado que se continúen más allá del gobierno de turno.
El liderazgo es un fenómeno necesario para las sociedades que necesitan o quieren avanzar hacia el futuro, resolviendo las crisis y sus conflictos asociados.
Ponerse la camiseta de líder transformador requiere de un conjunto de habilidades que personas con sensibilidad pueden aprender:
1) mejorar el ego (de modo que les permita aprender y adaptarse), 2) tener una mirada y una emocionalidad más grandes que los desafíos que el país propone, 3) proponer un proyecto de país viable y factible con propósitos sanos y generosos (que nos integre a todos) y 4) por último promover la colaboración multisectorial, para hacer que nuevas cosas pasen.
En materia de liderazgo terminamos diciendo lo es ya algo generalmente aceptado por todos:
- Las funciones de un líder son planificar, delegar tareas y alcanzar las metas u objetivos.
- Un líder es una persona que dirige a un grupo, organización o país. … Para ser un buen líder es necesario tener algunas habilidades específicas, como saber comunicar, tener motivación y transferírsela a los demás.
- Un buen líder es aquel que motiva a su equipo y lo tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones. Se caracteriza por varios factores:
- Tiene integridad. La gente tiene que creer que estás persiguiendo un sueño porque es lo correcto, no porque tu ego te esté conduciendo.
- Es positivo. Un líder anima y recompensa a las personas para que persigan lo que quieren y lo hagan de la forma correcta. No es una persona negativa, y no pierde tiempo ni esfuerzo contándole lo que hacen mal.
Un líder está en continuo movimiento. Se informa de los cambios y actúa para conseguir sus objetivos. No espera que las cosas sucedan por sí mismas, hace lo posible por que sucedan.
Observe y reflexiones amigo lector cuál de los tres candidatos principales que tercian para las próximas elecciones presidenciales, Abinader, Abel y Leonel, encuadran con el perfil del tipo de liderazgo siglo XXI que se requiere para llevarnos por la senda de la modernidad y desarrollo.
Domingo Núñez
