Querida mía. Querido mío.
Creo que no estoy del todo cuerdo.
Un cuerdo no crearía señales cada noche,
para que al despertar sienta usted cómo le deseo.
Un loco estaría seguro de que usted devora cada señal,
y planea junto al café, una a una, cada respuesta.
Un cuerdo no notaría su exaltación cuando mis labios pronuncian palabras.
Un loco observaría cómo se fija usted en ellos, y cómo una exhalación entreabre su boca, como si soñase que me besa.
Querido mío. Querida mía.
Fantaseo que al cerrar sus ojos me encuentra
en la imaginación que envuelven sus párpados.
Sobresaltan sus pupilas.
Me hallo aquí, jugando a que no estoy del todo cuerdo.
Cuando recobro la cordura: me desquicio.
Me gusta pensar que puedo hacer con mi afecto, lo que el agua a las piedras: caricias.
Hasta tatuarme en su pecho.
El deseo huele a frenesí.
El desenfreno une mis…
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