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Durante muchos años era relativamente fácil escuchar a alguien decir: “Ese es de izquierda” o “Aquel es de derecha”. Y casi todos creíamos saber de qué se estaba hablando.

Hoy no resulta tan sencillo.

Las palabras siguen utilizándose, pero las fronteras se han movido. Partidos que nacieron defendiendo determinadas ideas han cambiado con los años; organizaciones históricamente enfrentadas coinciden en algunos temas, mientras que otras que proceden de una misma raíz política han terminado por tomar caminos diferentes.

De ahí una pregunta que vale la pena hacernos: ¿qué significa hoy ser de izquierda o de derecha en la República Dominicana?

Los términos vienen de la Revolución Francesa. Con el tiempo terminaron identificando dos grandes maneras de entender la sociedad. De forma general, la izquierda ha puesto mayor énfasis en la igualdad social, la protección de los trabajadores y la intervención del Estado para reducir desigualdades. La derecha ha concedido tradicionalmente mayor importancia a la propiedad privada, la iniciativa individual, el mercado, el orden y determinadas instituciones.

Pero la historia nunca ha sido tan sencilla. Mucho menos entre nosotros.

Después de la muerte de Trujillo en 1961, las diferencias ideológicas eran bastante más visibles. Existían organizaciones marxistas y revolucionarias identificadas con la izquierda; sectores conservadores y anticomunistas, y corrientes democráticas, reformistas y socialcristianas.

De aquel período emergieron tres figuras que durante décadas marcaron nuestra vida política: Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez.

Bosch no puede entenderse mirando una sola etapa de su vida. El que ganó las elecciones de 1962 encabezaba un proyecto democrático de fuerte contenido social. Después del golpe de Estado de 1963, la Guerra de Abril y la intervención estadounidense de 1965, su pensamiento evolucionó hacia posiciones más radicales.

A finales de los años sesenta formuló su tesis de la “dictadura con respaldo popular” y posteriormente utilizó categorías marxistas para analizar las clases sociales y las relaciones de poder. Cuando abandonó el PRD y fundó el PLD en 1973, buscó construir una organización disciplinada y políticamente formada, orientada hacia la transformación de la sociedad.

Peña Gómez tomó otro camino.

Aunque procedía de la misma escuela política y compartía muchas de las preocupaciones sociales de Bosch, condujo al PRD hacia la socialdemocracia y el socialismo democrático. Puso especial énfasis en las libertades públicas, las elecciones, la participación popular y las transformaciones sociales dentro de una democracia plural.

Balaguer ocupó un espacio diferente.

Su pensamiento estuvo asociado al conservadurismo, al nacionalismo y al principio de autoridad, pero también a una fuerte presencia del Estado. Ahí encontramos una particularidad interesante: podía representar posiciones conservadoras y, al mismo tiempo, utilizar ampliamente al Estado como instrumento económico y de modernización, especialmente mediante las obras públicas.

Esto demuestra que las categorías políticas rara vez aparecen en estado puro.

Con el paso de los años aquellas fronteras comenzaron a hacerse menos claras.

El PLD que décadas después llegó al gobierno había cambiado respecto del partido fundado por Bosch en 1973. El PRD también experimentó transformaciones y divisiones, una de las cuales dio origen al PRM. Más recientemente, de una división del PLD surgió Fuerza del Pueblo.

Cuando examinamos las declaraciones de principios de los principales partidos dominicanos, encontramos palabras que se repiten: democracia, libertad, igualdad, justicia social, desarrollo, solidaridad y reducción de la pobreza.

Por eso ya no basta con el nombre de un partido ni con recordar dónde estuvo situado hace cincuenta años.

Quizás haya que hacer preguntas más concretas: ¿qué propone sobre salarios e impuestos? ¿Qué papel concede al Estado y al mercado? ¿Cómo pretende reducir la desigualdad? ¿Qué plantea sobre educación y salud pública? ¿Cómo entiende la propiedad privada, las libertades individuales y la soberanía nacional?

Las respuestas probablemente nos dirían más que las etiquetas.

Existe además una realidad muy dominicana. Nuestras lealtades políticas no siempre se han construido alrededor de ideologías perfectamente delimitadas. También han pesado los liderazgos personales, las tradiciones familiares, el clientelismo, las alianzas y las circunstancias electorales.

¿Desaparecieron entonces la izquierda y la derecha?

No necesariamente.

Siguen siendo referencias útiles para comprender distintas maneras de mirar la sociedad, pero ya no bastan para explicarlo todo.

Y el siglo XXI nos coloca frente a asuntos que Bosch, Balaguer y Peña Gómez no tuvieron que enfrentar como los enfrentamos nosotros: inteligencia artificial, cambio climático, nuevas formas de trabajo, migraciones, transformaciones tecnológicas y envejecimiento de la población.

Por eso quizás la pregunta de nuestro tiempo no sea solamente quién es de izquierda y quién es de derecha.

También debemos preguntarnos: ¿qué sociedad queremos construir? ¿Cómo combinamos la iniciativa privada con la responsabilidad social del Estado? ¿Cómo logramos que el crecimiento económico alcance también a quienes permanecen rezagados?

Las etiquetas pueden ayudarnos a orientarnos. Pero son las ideas, las políticas públicas y sus resultados las que finalmente permiten comprender hacia dónde pretende conducirnos cada proyecto político.

Por Domingo Núñez Polanco.
Economista.