Sobre Rosario: Recomendamos, para entender mejor a la autora y su contexto, la lectura de los artículos Rosario Sansores, vivir y crear en la ciudad azul, de María Eugenia Mesa Olazábal, y Rosario Sansores, cronista de sueños, de Beatriz Espejo, recogidos en Rosario Sansores, Diez años de Juventud.
En Cuba la asaltó la infelicidad doméstica, y también la pasión tormentosa que la obligó a escribir desde el erotismo y el conocimiento de lo sublime

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu
«Nada perdura en este mundo: el tiempo destructor todo lo borra». Lo escribió en uno de sus poemas (Para ella) Rosario Sansores Pren (Mérida, Yucatán, 25 de agosto de 1889-Ciudad de México, 7 de enero de 1972). Le obsesionaba el paso arrollador del tiempo, y esa preocupación aparece una y otra vez en sus poemas; sin embargo, no en el sentido de la trascendencia, o del olvido o gratitud de los futuros lectores.
Ante Rosario, o el yo lírico de sus textos (¿pero acaso escribir poesía no es desnudarse?) se alzaban temores más inmediatos: la pérdida de la lozanía y la belleza –su apariencia un poco exótica, a lo actriz de cine, la distinguió en vida– y la naturaleza efímera de los afectos amorosos. Al lado de toda felicidad sentía la amenaza del fin, de la tragedia: «Ahora dudo de todo; soy pesimista sin poderlo remediar» (Ensueño)
Por ley de vida, Rosario perdió su hermosura juvenil, aunque no, según dijeron sus contemporáneos, el estilo de gran dama; y los amores, dichosos o no, llegaron al fin. No obstante, si algo sostiene el eco de su voz, a 137 años de su nacimiento, son sus poemas (decía haber escrito cerca de mil), que la crítica calificó de cursis: a ella le bastaba con que se la leyera.
Su presencia hoy es, no obstante, difusa, dispersa. A pesar de su intensa producción literaria y periodística, de sus textos musicalizados, de la popularidad de que en cierto momento gozara, y algunos reconocimientos, es difícil encontrar su obra reunida, síntesis biográficas totalizadoras, análisis literarios abarcadores.
¿Será acaso por falta de calidad? ¿Porque cayó en desuso el universo moral y pasional que describió? ¿Por mujer? ¿Por la separación de su obra y existencia en dos países, México y Cuba? La realidad es que Rosario permanece entre la verdad y el mito, una circunstancia que tal vez disfrutaría, y despierta interés aún en varias personas que escudriñan entre los archivos para encontrarla a través de su palabra.
Recomendamos, para entender mejor a la autora y su contexto, la lectura de los artículos Rosario Sansores, vivir y crear en la ciudad azul, de María Eugenia Mesa Olazábal, y Rosario Sansores, cronista de sueños, de Beatriz Espejo, recogidos en Rosario Sansores, Diez años de Juventud.
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Al parecer el interés por escribir empezó en la infancia, pero fue en Cuba donde ese destino se consolidó. Muy joven contrajo matrimonio con el cubano Antonio Sanjenis García, con quien llegó a la Isla en 1909 y donde permaneció hasta 1932, a pesar de que su esposo había muerto 14 años antes. De esa unión, no feliz, y a la que ella había llegado despojada de la fortuna familiar, le nacieron dos hijas.
En La Habana colaboró en los más importantes periódicos y revistas –Diario de la Marina, Carteles, Bohemia…–, donde aparecieron sus poemas y crónicas acompañadas muchas veces de sus retratos. Al paso de los años y debido al volumen de su producción se hizo de un nombre. Sus poemarios se agotaban con rapidez y a los recitales asistía público numeroso.
Desde sus años cubanos y al volver a México publicó varios libros de poemas, entre ellos Del país del ensueño, Las horas pasan, Mientras se va la vida, Cantaba el mar azul, El breviario de Eros, Ensueños y quimera, La novia del sol, Mi corazón y yo, y Fruta madura, y también sus cuentos.
No obstante, en su tierra natal el mayor éxito lo encontró como cronista de sociales; consolidó el género, que cultivaba con dedicación al detalle; memorable fue su columna Rutas de emoción.
Fiel a la vocación, se mantuvo escribiendo justo hasta antes de morir.
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Evidentemente, la Sansores era de esos seres «enfermos» de palabras. Escribía no solo por motivos económicos, sino porque lo deseaba y necesitaba. No obstante, parecía no interesarle en demasía la perfección en sus textos, o tal vez le gustaba escandalizar con sus confesiones: prefería la rima al verso blanco, incluso ante una rima deficiente; jamás corregía; y no se ocupaba en estar al día en cuanto a producción literaria: en su biblioteca solo permanecían los libros que la habían emocionado toda la vida.
A pesar de situarse detrás de numerosos seudónimos (Crysantheme, Blanca de Beaulieu, Rosalinda Seymur o de Seumux…) en su poesía se entregaba toda; incluso en aquellos poemas que aluden a situaciones ajenas, sus juicios pasionales y morales se expresan sin ambages.
En esas «impresiones íntimas», que reúnen «horas fugaces de dicha y ráfagas intensas de dolor», están las pasiones porque está la vida toda, tal como la sentía una mujer que quizá se refugiara en cierta coquetería o inocencia, como le pedía su medio social, pero que advertía la amargura así como condenaba. Son las palabras de una persona inteligente.
De amor y de dicha tengo yo sed (Sed), confesaba y sobre esos anhelos erige su universo lírico: la muerte, la familia, la pérdida, la rivalidad amorosa, la sensualidad (aparecen constantemente los ojos y la boca como motivo del deseo), la idea del Bien y de Dios, así como la avaricia, el orgullo, el olvido, el desamor, la contemplación…
Atormentada por llevar en el alma / un dolor constante y fiero (Venganza póstuma) y obsedida por las máscaras que parecían portar todos ante «lo ficticio de esta vida», Rosario también sale de la esfera íntima, para mirar fuera, aunque siga fuertemente ligada a lo que canta, como en Pobre Patria:
Mi bella patria, la patria mía
que ayer dichosa se sonreía
conmemorando su libertad,
hoy ve perdidas sus alegrías
porque las turbas crueles é impías
le arrebataron la potestad!
(…)
La cruel rapiña te hundió su garra
y lentamente tu fe desgarra,
doquiera miras, hallas traición,
del Odio sientes el yugo duro
y hacia Ti, avanza firme y seguro
el negro espectro de la Ambición!
O en Adiós a México:
México hermoso…!, mansión de amores
donde mi infancia pasó veloz…….
tierra sagrada de mis mayores,
vergel risueño de lindas flores
por vez postrera te digo Adiós!
Faltaba a sus libros, es preciso reconocerlo, organicidad. A medio paso entre el romanticismo y el modernismo, se advierte en Rosario la expresión tal cual le surgía, como si no desechara nada ni trabajara lo escrito. Pero la raíz poética está y es fuerte, no en balde resonó en la sensibilidad de la gente y de compositores como Carlos Brito Benavides, Ernesto Lecuona, Alejandro García Caturla, o Ricardo Palmerín.
Entre algunas piezas de prosa poética que resultan inocentes y olvidables, reluce su capacidad de reflejar escenas conmovedoras, como En la muerte de Jorge Costales (El niño suspiró……, vagos anhelos /inundaron su espíritu doliente / y tornando los ojos hacia el cielo / triste visión obscureció su mente...); o El país azul:
Hacia allá quiero ir, mas nunca llego,
está muy lejos el país azul,
la patria donde habitan mis ensueños,
el país del amor y de la luz…
Mi fantasía forja una belleza,
en mis sueños he visto su grandeza,
es un país fantástico e ideal
donde solo el amor manda y gobierna,
donde la Diosa de la Dicha, tierna,
rechaza al Genio que fecunda el mal…
Hacia allá quiero ir…,
mas nunca llego,
¡está tan lejos el país azul!,
la patria donde habitan mis ensueños,
el país del amor y de la luz……!
Es preciso leer poemas como Feminismo o El intelectual, para advertir su visión crítica de los fenómenos y su ironía, casi inconcebible en aquella mujer que parecía manejarse tan bien en un mundo donde aún se estilaban las dedicatorias en álbumes y donde debía callarse incluso lo que nadie desconociera.
El origen maya del que se preciaba floreció en Cuba, donde la ciudad se le hizo presencia constante. Aquí la asaltó la infelicidad doméstica, y también la pasión tormentosa que la obligó a escribir desde el erotismo y el conocimiento de lo sublime: Si te tengo a ti, ¿qué puede importarme el misterio? (Curiosidad); y No preguntemos al mañana su secreto (Mañana).
Controvertida, intensa, hecha de ese material con que se forjan los personajes inolvidables, Rosario Sansores no merece desaparecer del mapa de letras y el periodismo en Cuba y México.

