Antes de leer
¿Tiene todavía sentido hablar de izquierda y de derecha en pleno siglo XXI? Para algunos, son palabras gastadas, pertenecientes a otra época. Para otros, siguen expresando maneras distintas de entender la sociedad, la economía, el papel del Estado, la libertad y, sobre todo, la igualdad.

El artículo que reproducimos a continuación fue escrito por Francisco Ameliach y publicado por teleSUR, que a su vez señala como fuente el blog del autor. Se trata de un artículo de opinión y, por tanto, de una interpretación particular del tema. Su punto de partida es una conocida reflexión del pensador italiano Norberto Bobbio: una de las diferencias fundamentales entre izquierda y derecha se encuentra en la manera de mirar las desigualdades existentes en la sociedad.
El autor lleva luego esa reflexión al pensamiento de Simón Bolívar y, finalmente, a la experiencia política venezolana contemporánea. Esa última parte responde claramente a su propia visión del proceso bolivariano y debe ser leída como tal.
Desde DomingoLaRevista nos interesa, además, hacer una pregunta más cercana: ¿qué significan hoy izquierda y derecha en la República Dominicana?
En nuestro país esas fronteras han sido históricamente menos sencillas de lo que sugieren las etiquetas. Hemos tenido partidos nacidos de tradiciones liberales, socialdemócratas, reformistas, socialcristianas y de izquierda; pero la práctica política, las alianzas electorales y el ejercicio del poder han ido mezclando muchas veces esas identidades. Por eso no siempre resulta fácil colocar a un partido dominicano actual en una casilla rígida de “izquierda” o “derecha”.
Quizás resulte más útil preguntarnos qué posición adopta cada fuerza política ante cuestiones concretas: la desigualdad social, la distribución de la riqueza, los impuestos, los salarios, los servicios públicos, la propiedad privada, el mercado, la intervención del Estado, las libertades individuales y los derechos sociales. Ahí las palabras izquierda y derecha adquieren un contenido más concreto.
Y posiblemente esa sea también la perspectiva de estos conceptos hacia el futuro. Izquierda y derecha difícilmente desaparecerán de un día para otro, pero tampoco significan exactamente lo mismo que hace cincuenta o cien años. Las sociedades cambian y aparecen nuevos problemas —tecnología, inteligencia artificial, medioambiente, migraciones, envejecimiento de la población— que obligan a ambas tradiciones políticas a redefinirse.
Publicamos este texto como material para la reflexión y el debate, no necesariamente para compartir cada una de sus afirmaciones. Que sea el lector quien, después de conocer sus argumentos, saque sus propias conclusiones.
A continuación, el artículo “¿Qué significa realmente ser de izquierda o de derecha en el siglo XXI?”, de Francisco Ameliach.
¿Qué significa realmente ser de izquierda o de derecha en el siglo XXI?
Por: Francisco Ameliach
Aunque muchos consideran que estos términos están obsoletos, las raíces teóricas y los procesos históricos demuestran que la distinción sigue más viva que nunca.
El criterio de Norberto Bobbio: La igualdad como brújula
En su célebre libro “Derecha e Izquierda” (1994), el politólogo Norberto Bobbio propuso una tesis fundamental: el eje que divide a la izquierda de la derecha política es la postura que cada una adopta frente al concepto de igualdad.
La izquierda (igualitarismo): Bobbio argumenta que la izquierda percibe la mayoría de las desigualdades importantes como anomalías estructurales del sistema. Al ser producto de las estructuras políticas y económicas, la izquierda sostiene que el Estado tiene el deber de minimizarlas para alcanzar una sociedad más equitativa y justa.
La Derecha (No-igualitarismo): Por el contrario, la derecha considera que las desigualdades son naturales e inevitables (derivadas del talento individual, el esfuerzo o el mercado). Desde esta perspectiva, los intentos “forzados” de imponer la igualdad terminan vulnerando la libertad individual. Bobbio demuestra que el núcleo identitario de la izquierda, es el combate contra la desigualdad social. Un principio que resuena profundamente en la doctrina de Simón Bolívar.
1819: El Discurso de Angostura y la “igualdad establecida y practicada”
Para encontrar el correlato de este concepto en la historia, es obligatorio viajar al 15 de febrero de 1819. Ese día, el Libertador Simón Bolívar pronunció el célebre Discurso de Angostura, un manifiesto donde diseñó las bases institucionales y sociales de la naciente República. Para el Libertador, la soberanía popular y la abolición de los privilegios eran condiciones innegociables. Bolívar entendía que no bastaba con una igualdad jurídica plasmada en papel; se requería una justicia social real, anticipándose por más de un siglo a los debates de la modernidad.
La igualdad practicada
Según fuentes documentadas, Venezuela alcanzó el salario más alto de Latinoamérica en 2012 (476 $ de salario mínimo más 222 $ de beneficio alimentario = 698 $). Dos años después, las bases de datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), mostraban a Venezuela en el año 2014 como el país con mayor igualdad social en Latinoamérica, medido a través del coeficiente de Gini. Sin embargo, este modelo de bienestar social se convirtió en el objetivo de una prolongada agresión asimétrica y una guerra híbrida multidimensional.
La persecución comercial y las sanciones produjeron una caída superior al 98% de los ingresos en divisas. Venezuela pasó de percibir 39.636 millones de dólares en divisas en el año 2014 a tan solo 743 millones de dólares en 2020. Paralelamente al colapso material, el país se convirtió en el laboratorio de una intensa guerra cognitiva. Medios masivos y redes sociales fueron y son utilizados para tratar de quebrar la resistencia psicológica de la población, romper la unidad nacional, sembrar el caos informativo e intentar inducir una guerra civil fratricida.
El acuerdo petrolero con Estados Unidos.
La Presidenta (E.) de Venezuela, Delcy Rodríguez, fundamenta estratégicamente el reciente acuerdo petrolero con Estados Unidos como un mecanismo indispensable para captar mayores ingresos y destinarlos al bienestar social, la justicia social y la búsqueda de una igualdad real.
Es una realidad inobjetable que “no se hace nada teniendo las mayores reservas de crudo del mundo si no se extraen para atender las necesidades del pueblo”; estas reservas deben convertirse en una herramienta distributiva. Los ingresos proyectados bajo este esquema mixto son la clave económica para financiar la salud, la educación, la infraestructura pública y corregir las profundas asimetrías sociales acumuladas en los últimos años de bloqueo económico. Se está poniendo en práctica el principio fundamental del sistema bolivariano, que “depende inmediata y exclusivamente de «la igualdad establecida y practicada”
Una misma lucha en épocas distintas
Cuando contrastamos las ideas, las líneas se cruzan con claridad. Lo que Norberto Bobbio define desde la academia europea como el motor de la izquierda —la intervención colectiva para mitigar las desigualdades— es exactamente lo que Simón Bolívar exigió a los legisladores de 1819, lo que la Constitución de Venezuela consagró en su Artículo 1 como valor supremo, lo que Hugo Chávez colocó como la meta ideológica de su administración en el siglo XXI y lo que Delcy Rodríguez hace en una negociación asimétrica dentro de un esquema de guerra hibrida ejecutada por Estados Unidos. La igualdad, por lo tanto, no es un concepto abstracto ni estático. Es el mandato histórico y legal que sigue definiendo el proyecto de la Revolución Bolivariana.
Autor: Francisco Ameliach
Fuente: Blog Francisco Ameliach
