Domingo Núñez Polanco
Una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha desencadenado una escalada militar sin precedentes desde la Segunda Guerra del Golfo, con impactos regionales y globales que desafían las certezas sobre la hegemonía militar y el equilibrio de poder en el siglo XXI.

En los últimos días, una compleja interacción de fuerzas ha transformado un conflicto prolongado en Oriente Medio en una confrontación directa entre potencias. La alianza entre Washington y Tel Aviv lanzó un ataque masivo sobre objetivos estratégicos iraníes, marcando un punto de inflexión que incluye la muerte del jefe del Estado iraní y una amplia respuesta de Teherán que ha extendido las hostilidades a múltiples países del Golfo.
La crisis plantea interrogantes profundos sobre el futuro de las alianzas globales, la seguridad energética y el orden internacional.
La operación y su detonante
El sábado 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto de gran escala sobre Irán, dirigido oficialmente contra instalaciones militares, nucleares y de defensa aérea. Israel se refería a la ofensiva como “Rugido del León”, mientras que el Pentágono la denominó “Furia Épica”.
Los bombardeos alcanzaron objetivos en Teherán, Isfahán, Natanz y Fordow, causando daños sustanciales y considerada una de las mayores operaciones aéreas en el Medio Oriente desde 2003.
Muerte del líder iraní y vacío de mando
Fuentes oficiales y expertas confirmaron que el ataque conjunto acabó con la vida del líder supremo de Irán, Ayatolá Ali Jamenei, así como de altos mandos del régimen, lo que ha generado un vacío de liderazgo y una conmoción interna sin precedentes.
Con la muerte de Jamenei, el régimen iraní activó mecanismos constitucionales temporales para llenar el vacío de poder, aunque el panorama político sigue siendo incierto.
Represalias y expansión del conflicto
Irán respondió con ataques con misiles y drones contra objetivos en Israel y bases estadounidenses en varios países del Golfo, incluyendo Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait y Qatar. Explosiones y sirenas resonaron en ciudades como Dubái, Doha y Manama, ampliando el teatro de operaciones más allá de las fronteras iraníes.
Esta respuesta ha generado temores de una guerra regional más amplia, con potenciales efectos en la seguridad de Estados vecinos y rutas estratégicas como el estrecho de Hormuz.
Repercusiones geopolíticas
La escalada ha obligado a países en Europa, Asia y Oriente Medio a emitir advertencias, llamar al diálogo y convocar reuniones de emergencia en la ONU, subrayando la urgencia de la diplomacia en un contexto donde la violencia militar podría desestabilizar bloques enteros.
Además, la crisis golpea los mercados internacionales, presiona los precios del petróleo y pone en duda tratados y alianzas que habían mantenido una tensión contenida durante años.
Un cambio de época en la hegemonía global
Más que una crisis regional, lo que hoy presenciamos es un terremoto geopolítico de amplio alcance: los equilibrios que han definido la política global desde la década de 1990 están siendo reconfigurados en tiempo real, con consecuencias que podrían reescribir alianzas, redefinir la seguridad energética mundial y transformar la influencia de las grandes potencias en el inmediato.
Fracaso de vías diplomáticas
Justo antes del estallido abierto de violencia, hubo negociaciones indirectas entre Washington y Teherán relacionadas con el programa nuclear, que no fructificaron y se vieron sobrepasadas por la lógica militar.
Esto subraya una dinámica común en la historia contemporánea: cuando la política y la diplomacia fallan, la violencia suele tomar el relevo con consecuencias imprevisibles.
Ruptura histórica en las dinámicas de poder global
Este conflicto podría simbolizar no solo un choque militar, sino una ruptura histórica en las dinámicas de poder global, donde nuevas realidades estratégicas —como la capacidad de Irán para defenderse y contraatacar— desafían los supuestos tradicionales sobre la supremacía de ciertas potencias.
