La lectura: madre del conocimiento y del pensamiento crítico.

Domingo Núñez

La lectura no es un lujo, es una necesidad vital. Es una puerta abierta al conocimiento, a la libertad y a la identidad. Es también un espejo donde nos descubrimos y un puente que nos une a otros. Por eso debemos defenderla, cultivarla y promoverla desde el hogar, la escuela y los espacios públicos. Si queremos una ciudadanía libre, solidaria y pensante, debemos empezar por una infancia lectora. Porque un pueblo que lee, es un pueblo que piensa; y un pueblo que piensa, es un pueblo que se transforma.

Educar para pensar, leer para despertar

Domingo Núñez, administrador Domingolarevista.com

Vivimos en tiempos donde abundan los datos pero escasea la comprensión, donde se opina mucho pero se piensa poco. En ese contexto, el acto de leer se convierte en una forma de resistencia. Leer no solo cultiva el intelecto: fortalece la conciencia, despierta el pensamiento crítico y nos reconecta con nuestra historia y con nosotros mismos. En estas líneas, quiero compartir una reflexión sobre el papel insustituible de la lectura en la formación personal y colectiva, y hacer un llamado a valorar más nuestras letras, nuestros autores y nuestras raíces.

Desgraciadamente, el hábito de la lectura no está tan arraigado como debería. En mi opinión, gran parte de la responsabilidad recae en nuestras escuelas, que muchas veces nos obligaron a leer auténticos “ladrillos”, cuando lo ideal habría sido iniciarnos con lecturas más amenas, capaces de despertar el gusto y la curiosidad. Quien redescubre la lectura, difícilmente la abandona; y quien no lee, simplemente no sabe lo que se está perdiendo.

Los griegos nos legaron una máxima fundamental: “Conócete a ti mismo”. Si aplicamos este principio con la profundidad con que ellos lo concebían, tendríamos en nuestras manos una poderosa herramienta para formar ciudadanos conscientes, capaces de dominar su propia naturaleza. No es necesario insistir demasiado en la importancia de que el ser humano se conozca a sí mismo, pero sí conviene recordar que los pueblos, como colectividades humanas, tienen el deber primordial de conocerse a fondo: de estudiar sin descanso cuáles han sido sus aportes a la cultura, a la civilización y, en general, a la vida intelectual y social.

Por eso, es indispensable que nuestros niños, desde la escuela primaria, se inicien en la comprensión de su geografía, su historia, su literatura y su arte. Antes de conocer otras culturas, hay que conocer la propia. Eugenio María de Hostos lo tenía claro: recomendaba comenzar enseñando la geografía del barrio, luego la de la ciudad, y después la del país, como paso previo al estudio de la geografía universal. Sea cual sea el método, lo esencial es estudiar con dedicación nuestro propio entorno. Lo mismo ocurre con la historia.

El conocimiento de la historia patria debe comenzar temprano y abarcar todos los grados de la educación básica. Lo mismo debería ocurrir con la literatura dominicana, a la que se le dedica escaso tiempo en las aulas, incluso en la universidad, donde apenas se le asigna un curso. Necesitamos conocer lo nuestro y defenderlo. Como decía José Martí: “Nuestro vino, si es agrio, es nuestro vino”. No se puede amar lo que no se conoce; no se puede amar a la patria si se desconoce su memoria histórica.

Recomiendo leer a nuestros autores dominicanos, que los hay muy buenos, sobre todo aquellos que surgieron después de la segunda mitad del siglo XIX: Pedro Francisco Bonó, Manuel Rodríguez Objío, Manuel de Jesús Galván (autor de Enriquillo), José Joaquín Pérez (promotor del indigenismo), Francisco Gregorio Billini (autor de Engracia y Antoñita), Tulio Manuel Cestero (autor de la novela La Sangre), entre muchos otros. Tampoco podemos dejar de leer a quien amó y sirvió con pasión a esta patria: el apóstol Eugenio María de Hostos. Y a los hijos de la poetisa de la patria, Salomé Ureña: Pedro y Max Henríquez Ureña, pilares de nuestra tradición intelectual.
Y, por supuesto, no debe dejarse de leer —y estudiar— al profesor Juan Bosch. Recomiendo leer al Bosch literato, al sociólogo, al historiador, al ensayista y al político. Es un verdadero maestro de maestros..