Domingo Nunez, Administrador DomingoLarevista.com

En esta era digital en la que vivimos, abundan quienes utilizan las redes sociales y los medios no para construir ni dialogar, sino para denostar, juzgar y banalizar.

Sucede y viene a hacer, en estos medios digitales, una publicación puede que llegue más rápido que una noticia verificada; urge hacer una pausa.

Hay quienes opinan sin conocimiento ni experiencia, con la arrogancia de quien se cree dueño de la verdad, pero sin la responsabilidad que implica formar opinión en un espacio público; se han vuelto escaparates donde muchos opinan sin filtro y, lo más preocupante, sin compromiso. Se han convertido en tribunales improvisados donde se juzga a los demás con frivolidad, desde la comodidad de una pantalla, como si la experiencia de vida pudiera reducirse a un «meme», un «post» o un comentario mordaz.

Otros, sin haber construido desde el esfuerzo propio, se atreven a despreciar lo que durante generaciones ha dado forma a nuestra identidad, descalifican sin argumentos, atacan valores fundamentales como el respeto, la familia, la cultura o la tradición, con la liviandad de quien no comprende su peso ni su significado.

Lo vemos en quienes ridiculizan nuestras expresiones culturales, como si la bachata o el sancocho fueran motivo de burla y no símbolos de resistencia y pertenencia. Lo notamos cuando se minimizan las luchas sociales con memes o se deslegitima la voz de quienes defienden causas nobles con etiquetas despectivas.

No construyen puentes: colocan piedras. No inspiran caminos: los bloquean. Se han convertido en comentaristas de la vida ajena sin haber vivido siquiera la propia con profundidad.

Hoy, muchas veces, la viralidad pesa más que la verdad. Pero lo más alarmante es que muchas veces ganan visibilidad no por la calidad de sus ideas, sino por su capacidad de generar polémica vacía. En un entorno donde el «trending topic» se impone sobre el contenido, se vuelve urgente recuperar el sentido de responsabilidad en el uso de la palabra.

En redes dominicanas hemos visto cómo un vídeo fuera de contexto, una opinión irresponsable o un comentario malintencionado pueden desatar linchamientos mediáticos. Basta recordar los recientes casos en que personas comunes, por un malentendido o por el simple hecho de dar su opinión, fueron expuestas y ridiculizadas ante millones, sin derecho a réplica ni respeto a su dignidad.

En nuestro país, donde la palabra todavía tiene peso en los colmados, en las esquinas y en la sobremesa, hemos trasladado esa voz cotidiana al mundo digital sin la mínima conciencia. Y eso es peligroso. Porque el “relajo” en la calle se queda en chiste, en la red se convierte en juicio eterno.

Por eso, desde este espacio, hago un llamado claro: necesitamos fomentar un uso consciente y respetuoso de los medios y redes sociales. Necesitamos defender lo que nos une como pueblo, valorar nuestra cultura y recuperar el valor del pensamiento crítico, auténtico y con propósito.

Frente a este panorama, de la ligereza de los juicios, creo firmemente que es momento de despertar una conciencia más crítica y responsable. Respondamos con profundidad frente al ruido. Frente al ataque, con respeto. No se trata de censurar, sino de elevar el nivel de la conversación pública.

No podemos seguir alimentando voces que desprecian lo valioso y exaltan lo superficial. Es tiempo de defender con orgullo lo que somos, de hablar con fundamento, de promover el respeto y de hacer de cada palabra una herramienta para educar, no para confundir.

Invito a todos, especialmente a los más jóvenes que habitan el mundo digital de forma natural, a reflexionar antes de publicar. A preguntarse: ¿esto que voy a compartir edifica o destruye? ¿Une o divide? ¿Informa o desinforma?

Que nuestras palabras no sean eco del ruido, sino semillas de conciencia. Que el respeto y la verdad recuperen su espacio. Que nuestras redes se llenen de voces que construyen, no que destruyen.

Porque al final, lo que decimos —y cómo lo decimos— también es un reflejo de quiénes somos y del país que queremos construir.

Invito a quienes usan las redes y los medios a reflexionar antes de publicar, a poner el foco en lo que edifica, en lo que une. Que nuestras palabras no sean eco del ruido, sino fuente de sentido.


Por Domingo Núñez Polanco