En domingon.com nos gusta mirar detrás de los titulares, buscar el contexto que explique por qué ciertos temas generan tanto interés. Hoy, la protagonista es una de las marcas más icónicas del planeta: Coca-Cola. Y no hablamos de su marketing, sino de algo que siempre ha estado envuelto en misterio: su fórmula.

Desde su creación en 1886 por el químico John Pemberton, la receta ha sido un secreto comercial guardado con celo casi mítico, al punto de que se dice que permanece en una bóveda acorazada en Atlanta, vigilada día y noche. Pero ¿qué hay realmente detrás de tanto secretismo?
Un ingrediente polémico
En sus inicios, Coca-Cola se publicitaba como una bebida que ofrecía “las virtudes de la coca sin los vicios del alcohol”. Y es que, hasta 1903, cada vaso contenía alrededor de 60 mg de cocaína. Esto no era extraño en la época: a finales del siglo XIX, la cocaína era legal y se vendía en farmacias, recomendada incluso por médicos célebres como Sigmund Freud. Escritores como Robert Louis Stevenson o Arthur Conan Doyle la usaban buscando inspiración creativa.
Con el tiempo, y a medida que los efectos nocivos se hicieron evidentes, las leyes comenzaron a restringir su uso. Coca-Cola, sin renunciar a su sabor característico, modificó su fórmula. Hoy en día sigue utilizando extractos de hoja de coca, pero estos pasan por un proceso de descocainización controlado por el gobierno de Estados Unidos. Curiosamente, la compañía importa legalmente más de ocho toneladas de hoja de coca al año desde América del Sur, a través de una empresa autorizada para procesarla.
La receta filtrada
En 1979, el diario Atlanta Journal-Constitution publicó una fotografía donde, supuestamente, se veía la famosa receta. El listado incluía extracto de coca, cafeína, ácido cítrico, aceites esenciales y otros ingredientes que combinados crean el sabor inconfundible de la bebida.
Reflexión abierta
El contraste es llamativo: mientras el tráfico ilegal de cocaína provoca miles de muertes y problemas sociales cada año, una multinacional puede acceder legalmente a la materia prima bajo estricta supervisión. Esto abre un debate no solo sobre la historia de Coca-Cola, sino sobre la forma en que la ley trata a ciertos productos dependiendo de quién los utilice y con qué fin.
La próxima vez que levantes una lata o botella, recuerda que no solo estás bebiendo una de las bebidas más famosas del mundo, sino también un pequeño sorbo de historia… y de controversia
