Una reflexión desde la madurez activa

Por Domingo A. Núñez Polanco

Hay poemas que no solo se leen: se sienten. Éste, atribuido a Mario Benedetti es uno de ellos. Me llega profundo ahora que he cruzado el umbral de los 70 años, en una etapa que muchos llaman retiro, pero que yo prefiero llamar renacer desde la experiencia.

Nos llegó la tarde… ¿y qué?

“Aquí no hay viejos,

solo nos llegó la tarde”,

dice el poema. Y me identifico. Porque no se trata de contar años, sino vivencias. No de medir fuerzas, sino de reconocer la sabiduría que traen los caminos andados.

He sido trabajador, padre, amigo, ciudadano. Y hoy, en esta etapa que algunos miran con lástima, yo la vivo con plenitud. Me siento lleno de recuerdos, aprendizajes, errores que enseñaron y aciertos que dejaron huellas. No estoy “fuera de juego”, estoy en otra parte del campo: quizás menos rápida, pero más estratégica.

El valor de lo que perdura

El poema nos recuerda algo esencial:

> “Viejo es el mar y se agiganta.

Viejo es el sol y nos calienta.

Vieja es la luna y nos alumbra.

Vieja es la tierra y nos da vida.”

Qué poderosa manera de resignificar la palabra viejo. Aquí no es sinónimo de desgaste, sino de permanencia, de servicio, de presencia fecunda. Así también debemos mirarnos: como quienes, desde la madurez, seguimos siendo útiles, necesarios y capaces de amar.

La vida, ese postgrado

> “Somos seres llenos de saber,

graduados en la escuela de la vida,

y en el tiempo que nos dio el postgrado.”

Sí. Aprendimos en los golpes y en los abrazos. Nos formamos en el aula del dolor y en la cátedra del amor. Y ahora tenemos un deber: acompañar, aconsejar, sostener a los que vienen detrás. A nuestros hijos, a nuestros nietos, a los jóvenes que aún corren sin mirar el reloj.

Un llamado a los jóvenes

> “Joven: si en tu caminar encuentras

seres de andar pausado,

de miradas serenas y cariñosas…

no los ignores, ayúdalos…”

A los jóvenes les digo: no teman al tiempo, ni lo desprecien en los demás. La piel arrugada no borra la ternura. Las manos temblorosas no impiden el abrazo. Detrás de cada adulto mayor hay una historia, un ejemplo, una fuente de luz.

La tarde es un regalo

Este poema me recuerda que la tarde también es parte del día. Tiene su brillo propio. No es ocaso, es plenitud. Es cuando el sol madura su luz, cuando la brisa calma, cuando uno puede sentarse bajo su propio árbol y compartir el fruto con los demás.

En esta etapa de mi vida, no me declaro viejo:

Me declaro sembrador de recuerdos, portador de historias y defensor de la ternura.

Porque aquí, efectivamente, no hay viejos.

Solo nos llegó la tarde.

Letras del poema «aquí no hay viejo.» de Mario Benedetti

Aquí no hay viejos, simplemente nos llegó la tarde.

Poema de Mario Benedetti.

Aquí no hay viejos

Solo, nos llegó la tarde:

Una tarde cargada de experiencia

Experiencia para dar consejos.

Aquí no hay viejos

Solo nos llego la tarde.

Viejo es el mar y se agiganta.

Viejo es el sol y nos calienta.

Vieja es la luna y nos alumbra.

Vieja e s la tierra y nos da vida.

Viejo es el amor y nos alienta.

Aquí no hay viejos

Solo nos llegó la tarde.

Somos seres llenos de saber.

Graduados en la escuela.

De la vida y en el tiempo.

Que nos dio el postgrado.

Subimos al árbol de la vida.

Cortamos de sus frutos lo mejor.

Son esos frutos nuestros hijos.

Que cuidamos con paciencia.

Nos revierte esa paciencia con amor.

Fueron niños son hombres serán viejos.

La mañana vendrá y llegará la tarde.

Y ellos también darán consejos.

Aquí no hay viejos

Solo nos llegó la tarde.

Joven: si en tu caminar encuentras.

Seres de andar pausado.

De miradas serenas y cariñosas.

De piel rugosa, de manos temblorosas.

No los ignores ayúdalos.

Protégelos ampáralos.

Bríndales tu mano amiga.

Tu cariño.

Toma en cuenta que un día.

También a ti, te llegará la tarde.

Mario Benedetti