Domingo Núñez
El 30 de junio de 1909 vino al mundo Juan Bosch, un hombre destinado a dejar una huella profunda en la historia política, literaria y moral de la República Dominicana. En este año 2025, al cumplirse 116 años de su nacimiento, deseo compartir un recuerdo íntimo, familiar, sencillo… pero profundamente humano.

En mi familia, los Núñez Polanco, tuvimos el privilegio de vivir una relación cercana y respetuosa con don Juan Bosch y doña Carmen Quidiello. Más allá del reconocimiento público que él siempre mereció por su sabiduría, integridad y vocación patriótica, lo recordamos también como el amigo entrañable que compartía momentos sencillos con nosotros.
Mi hermano Diomedes fue su asistente personal, lo que fortaleció aún más los vínculos entre nuestras familias. En más de una ocasión, don Juan llegaba a casa con una sonrisa franca, portando los ingredientes para una de sus debilidades gustativas: una batida de lechosa con leche evaporada Carnation, preparada por mamá, a quien él llamaba con afecto y gratitud.
Compraba la lechosa, la leche y el azúcar en el camino, y a veces lo acompañaba un joven que años más tarde se convertiría en presidente de la República: Leonel Fernández. Aquellas visitas no eran simples paradas ocasionales, sino gestos de afecto, confianza y cercanía.
Ese don Juan, el que compartía una batida casera con cariño y sencillez, es el que hoy deseo evocar. El estadista, el maestro, el escritor, sí, pero también el ser humano cálido, humilde, que cultivaba amistades profundas y sinceras.
A 116 años de su natalicio, la memoria de Juan Bosch vive no solo en los libros ni en los discursos, sino también en los corazones de quienes lo conocieron de cerca, como lo hizo mi familia. Y en especial, en el sabor de una batida de lechosa con leche Carnation, que aún hoy guarda el eco de su sonrisa.
Domingo Núñez
