Domingo Núñez
Reflexiones para un país posible

El valor de la palabra: una urgencia nacional
En la República Dominicana, uno de los obstáculos más serios para avanzar hacia un país mejor ha sido la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Prometer ha sido fácil; cumplir, otra historia. En la política, especialmente, la palabra se ha convertido en moneda de uso pasajero. Se dice lo que conviene, se promete lo que atrae, pero al llegar al poder, los hechos desmienten los discursos.
Esa falta de coherencia ha socavado la confianza del pueblo en sus líderes. Ha sembrado desilusión, especialmente entre las nuevas generaciones, que miran la política con escepticismo, casi con resignación. Es como si se hubiese roto un pacto invisible entre ciudadanos y representantes. Y cuando se pierde la fe en la palabra, se debilita la democracia.
El profesor Juan Bosch lo dijo con claridad: “quien dice una cosa y hace otra podría terminar en loco”. No se refería solo a un desorden personal, sino a una enfermedad colectiva que amenaza la vida ética de la nación.
Es urgente recuperar el valor de la palabra empeñada. No por nostalgia, sino porque es la base de la convivencia, de la confianza, del compromiso. Una sociedad que no cree en la palabra no puede construir futuro.
Cumplir lo que se promete debe volver a ser un deber moral, no una estrategia de campaña. Que se diga solo lo que se está dispuesto a cumplir. Que se enseñe, desde el hogar, que la palabra tiene un peso, que compromete.
Recuperar el valor de la palabra empeñada es también una forma de sanar el alma de la nación. Porque sin palabra, no hay pacto posible. Y sin pacto, no hay país.
Domingo Núñez
