Me gusta, cuando de tarde en tarde veo la lluvia caer. Proteger y velar por la naturaleza es compromiso de todos. Cuidar el medio ambiente es de ley, pero sobre todo es asunto de compromiso, de conciencia por la supervivencia de la especie humana.

Bonao, viernes 2 de mayo de 2025
Esta tarde,
la Villa de las Hortensias se desparramó en agua,
y yo, testigo silente,
me dejé mojar por la melancolía.
Cada gota, un recuerdo,
cada charco, un espejo
de aquellos años tiernos
en mi Sabana del Puerto querido.
Allí, en la campiña del abuelo,
el verdor era ley,
el ruiseñor, un ángel sonoro del crepúsculo,
y el silencio…
una sinfonía que hablaba con voz de campo.
¡Cómo no recordar!
Aquellos días quedaron tatuados
como mancha indeleble,
como eco perenne de la inocencia.
Hoy, con esta lluvia,
han vuelto los espectáculos de la naturaleza:
la humildad del monte,
la inocencia franca de la gente sencilla.
Esa ruralidad que inspiró a Bosch,
también me llamó al amor por el campo,
a honrar a sus pobladores
y a hacer de la defensa de la tierra
un compromiso de alma y sangre.
Porque cuidar la naturaleza
es ley…
pero más aún,
es cuestión de sobrevivencia.
Ah, y no estaba solo:
mi primo, Aladino Vargas Polanco,
compartía el deleite
de este hermoso desparramo del cielo.
Me gusta,
sí, me gusta cuando la lluvia cae,
y me repito siempre:
la lluvia…
es un canto,
es un rezo,
es una oda sagrada a la naturaleza.
—Domingo Núñez Polanco


