

El destacado patriota, historiador, sacerdote, y abogado Apolinar Tejera, hijo de Juan Nepomuceno Tejera amigo y compañero de lucha de Duarte, conmocionado por la noticia de la muerte de Juan Pablo Duarte expresó:
La Patria está de duelo: ! Duarte ha muerto!…
Ha muerto… Pero dónde?… !Hay! tierra extraña cubre sus mortales restos; que el hombre-verbo de la Independencia, a pesar de cuanto hizo y trabajó por libertar a la infeliz Quisqueya del yugo haitiano, no tuvo ni aun triste consuelo de morir en su patria.
!Horrible fiereza del destino!
Pero sobre su sepulcro no lucirán coronas fúnebres; ni sus coetáneos irán a depositar la ofrenda de sus lágrimas…Quién sobre sí se alzará triste y solitario, sin una humilde lápida que indique al viandante que en él un adalid de la libertad, un emulo de Washington y BolÍvar!
Porqué sería Duarte tan desgraciado? no podemos saberlo, pero ello es cierto que su vida fue una serie de calamidades. En la flor de sus años, y a trueque de todo, se consagró con tesón a extender en su patria, esclava del Occidente, la idea de separación; por lo cual fue víctima de terrible espionaje, y por último, de amargo destierro.
Libre al fin la primada de Colón por el esfuerzo de sus hijos, No pudo Duarte, siquiera saborear las dulzuras de la Independencia, bello ideal de sus ensueños, por que el partido conservador, opoderado de la cosa pública, persiguió con crueldad a los febreristas, y Duarte, el más conspicuo de todos, tuvo que partir de nuevo para el extranjero.
Refugiado en Venezuela, como un náufrago que la tempestad arrojó playas desconocidas, si bien encontró hospitalario albergue, vivió pobre y olvidado, sufriendo los dolores de la proscripción, sin perspectiva de la vuelta al suelo natal; porque sus conciudadanos no se acordaban del que les había dado patria! Así son los pueblos!.
La indiferencia de sus conciudadanos, debió partirle el corazón como aguda y penetrante espada…. Fue como uno de esos astros que mueren al brillar, pero que dejan, dónde irradian, un espacio luminoso.
