Informamos a nuestros amigos lectores que: A partir de este domingo 4 de enero de 2026, estrenamos un nuevo espacio de análisis geopolítico titulado «Brújula Global».
Brújula Global:
Será una columna semanal de análisis geopolítico que aborda, desde una mirada latinoamericana, los cambios en el equilibrio mundial, las tensiones entre bloques, las nuevas rutas económicas y culturales, así como el declive de la hegemonía occidental y el surgimiento de nuevas alianzas desde una perspectiva crítica, clara y con el Sur Global —y América Latina— en el centro del análisis.
Porque el mundo ya no gira en torno a un solo eje, y es hora de mirar con otros ojos.
El enfoque combina hechos, contexto histórico, lectura política y un lenguaje accesible para públicos no especializados.
2025: Fin de ciclo para Occidente, inicio de caminos múltiples
Perspectivas para un 2026 sin centro hegemónico
Una mirada desde América Latina al nuevo orden global
Domingo Núñez Polanco
Sobre Venezuela no hay más comentario, solo ver este video y entenderás lo que sucede en la hermana República de Venezuela.
2025 ha sido, sin lugar a dudas, un año clave en el reordenamiento geopolítico global. No porque haya estallado una guerra total ni por un gran colapso financiero —aunque tampoco han faltado conflictos y sobresaltos—, sino porque ha quedado cada vez más claro que el mundo ya no gira alrededor de Occidente; hay la pérdida de autoridad.
El modelo occidental —que durante siglos impuso reglas, valores y jerarquías— ya no es necesario para el resto del planeta. El Sur Global ya no gira en torno a Washington, Bruselas o Londres. Ahora, toma decisiones propias y construye alianzas fuera de ese eje.
Durante cinco siglos, las potencias occidentales han definido reglas, instituciones, mercados y hasta marcos culturales. Pero hoy, en 2026, ese relato de dominio parece cada vez más anacrónico. Las instituciones como el FMI o el Banco Mundial siguen operando, sí, pero su capacidad de imponer reglas y de ser aceptadas globalmente está en decadencia. Se pronuncian discursos que ya no inspiran; se aplican sanciones que ya no asustan; se ofrecen alianzas que ya no seducen.
Como bien analiza el blog español El Lince en su artículo “La progresiva irrelevancia”, la hegemonía occidental se ha convertido en una ficción sostenida por coerción: sanciones, bloqueos, narrativas repetidas, pero cada vez más vacías».
Estados Unidos aún tiene poder militar, sí, pero su capacidad de liderazgo se diluye rápidamente. Y Europa ha quedado como un actor simbólico, debilitado por sus contradicciones internas y su dependencia energética mal gestionada.
El caso europeo es especialmente doloroso. De ser autoproclamado “jardín” frente a la “jungla” global, la Unión Europea termina 2025 sin energía, sin narrativa y, lo más grave, sin influencia. La dependencia energética mal gestionada, las respuestas contradictorias frente a los conflictos (como Gaza), y el resurgimiento de extremismos nacionalistas —de derecha, en su mayoría— dejan al continente más cerca del “zombi institucional” que de un actor estratégico.
El Sur Global despierta
Frente a esta decadencia, el Sur Global se está reorganizando. Procesos de desdolarización, creación de marcos comerciales alternativos, acuerdos energéticos fuera del circuito occidental tradicional y una nueva autoestima geopolítica están configurando un nuevo tablero.
Los BRICS (ahora ampliados), la Organización para la Cooperación de Shanghái, o alianzas regionales como la Alianza de Estados del Sahel, ya no son “clubes marginales” como los medios mainstream solían presentar. Son espacios donde se negocia sin tutelaje occidental, se exploran modelos de desarrollo propios y, sobre todo, se forja la multipolaridad.
América Latina: entre presión y posibilidad
Desde nuestra región, estos cambios no pasan desapercibidos. América Latina sigue siendo un territorio presionado por los mecanismos coercitivos del viejo orden: deuda externa, control financiero, presencia militar indirecta, sanciones cuando conviene. Pero, al mismo tiempo, emerge como un actor potencialmente clave en el nuevo tablero multipolar.
Las conversaciones con China se han intensificado, el comercio con los BRICS se expande, y la idea de desdolarización ya no es tabú. Países como Brasil, Argentina o Bolivia miran hacia un futuro donde la dependencia de Occidente no es el único camino. La apuesta por modelos de desarrollo propios, sin recetas impuestas, toma fuerza aunque no esté exenta de tensiones internas y errores estratégicos.
¿Qué viene en 2026?
Se espera que este año los BRICS profundicen su estructura e impulsen mecanismos financieros alternativos. También veremos si los intentos occidentales de “reforma multilateral” son sinceros o solo un intento más de mantener el control.
Lo que está claro es que el mundo ya no está esperando el permiso de Occidente para avanzar. Las decisiones clave sobre energía, comercio, tecnología o seguridad ya no se cocinan en una sola cocina. Se discuten, se pactan y se ejecutan en distintos espacios. Y eso, aunque incómodo para algunos, es una gran oportunidad para América Latina, si sabe actuar con visión y soberanía.
Reflexión final
El 2025 quedará marcado como el año en que Occidente dejó de ser necesario. No ha desaparecido, claro. Pero ya no define el futuro. El mundo ya no espera sus señales, ni sus avales.
En este nuevo escenario, las preguntas para 2026 no son si habrá un nuevo hegemón (China, Rusia, India…), sino cómo conviviremos en un sistema sin centro fijo, con múltiples polos de poder, modelos de desarrollo diversos y tensiones inevitables.
Desde DomingoLaRevista, creemos que ese futuro, con todos sus riesgos y desafíos, también abre una oportunidad histórica para construir un mundo más justo, más equitativo y más libre de imposiciones unilaterales.
El mundo de 2025 no murió, pero sí cambió de eje. Y el de 2026 puede ser el año en que lo reconozcamos sin ambigüedades.
Domingo Núñez Polanco.
