Por Domingo Núñez Polanco

“Si puedes soñarlo, puedes lograrlo. Lo importante no es dónde estás ahora, sino hacia dónde te diriges.” — Zig Ziglar

A veces un libro llega a nuestras manos en el momento justo. No por casualidad, sino porque estamos listos para que sus palabras siembren una semilla. Este texto nace de un recuerdo, de una experiencia vivida que me marcó y, con el tiempo, transformó mi forma de ver el mundo.

Nos veremos en la cumbre de Zig Ziglar, fue ese libro en mi vida. Aquí les comparto su historia y la mía.

Corrían los años 70. Un buen hombre, amigo de mi padre, era conocido por todos como “Malla”, pues trabajaba para Malla y Compañía, una importante fábrica de pastas en la República Dominicana. Su nombre de pila se me escapa, pero su figura permanece viva en mi memoria.

Malla era un apasionado lector. Siempre que tocaba un libro, lo recomendaba con entusiasmo a sus amigos. Uno en particular dejó huella: Nos veremos en la cumbre de Zig Ziglar. No solo se lo recomendó a mi padre, sino que insistió en que sus hijos también lo leyeran.

Aquel libro, apenas llegó a casa, lo hice mío. “Léelo tú primero —me dijo papá con picardía—, luego me lo cuentas… así me ahorro leerlo. Pero no olvides prestárselo a tus hermanos”.

Yo tenía entonces 17 años. Poco mundo, pero bastante intuición para saber que ese no era un libro cualquiera.

Nos veremos en la cumbre, se convirtió en mi compañero de ruta, incluso más allá del mar. Durante años lo llevé conmigo, y su lectura me ofreció valiosas enseñanzas sobre desarrollo humano, fe, autoestima y determinación.

¿Lo curioso? Que muchos a quienes se lo recomendé en aquel tiempo también obtuvieron grandes frutos de su lectura. Y ahora, tantos años después, he vuelto a buscar ese viejo compañero. Pero esta vez lo leo con otros ojos: los de quien ha vivido, ha fallado, ha aprendido y busca extraer los saberes que alguna vez quedaron dormidos entre sus páginas.

Les invito a ustedes, lectores, a entregarse también a esa lectura. Hoy, con una nueva actitud ante la vida, con mayor madurez y un método más consciente, puede ser aún más revelador.

Recuerdo especialmente el relato que abre el libro: “El avión de las 2:20 a Boston”. Fue mi primer encuentro con Ziglar y me dejó profundamente impresionado. Aquí lo comparto:

El avión de las 2:20 a Boston

John Jones estaba en la ciudad de Nueva York. Quería viajar a Boston, así que fue al aeropuerto y compró su boleto. Como tenía unos minutos de sobra, se acercó a una báscula. Subió, colocó una moneda y recibió una tarjeta que decía:

“Su nombre es John Jones, pesa 85 kilos y va a tomar el avión de las 2:20 a Boston”.

Quedó estupefacto: toda la información era exacta. Pensando que era una coincidencia, volvió a subir, pagó de nuevo y recibió otra tarjeta:

“Su nombre sigue siendo John Jones, todavía pesa 85 kilos y va a tomar el avión de las 2:20 a Boston”.

Cada vez más desconcertado, decidió “engañar” al sistema. Fue al baño, se cambió de ropa y regresó. Subió nuevamente, insertó otra moneda, y esta vez la tarjeta decía: “Su nombre todavía es John Jones, aún pesa 85 kilos… pero acaba de perder el vuelo de las 2:20 a Boston”.

Este libro fue escrito para personas como John Jones: quienes, por distracción, miedo o rutina, perdieron su vuelo. O para quienes se bajaron antes de llegar a su destino. Nos veremos en la cumbre, está diseñada para ayudarnos a retomar el rumbo, a reconectar con nuestros sueños y recuperar el tiempo perdido.

El primer segmento del libro, titulado “Escalera hacia la cumbre”, plantea estos pasos iniciales:

• Abrir la mente, agitar la imaginación y generar una sana insatisfacción con el estado actual.
• Identificar lo que realmente se desea de la vida y trazar un camino claro hacia ello.
• Despertar al gigante dormido que llevamos dentro.
• Reconocer y superar nuestra “cojera” de perdedor.

Cada capítulo viene acompañado de lecturas complementarias, para profundizar en el aprendizaje.

A quienes decidan emprender esta gran aventura les aseguro que, con método, actitud y constancia, muchas de las cosas que hoy parecen lejanas se volverán alcanzables. Nos veremos en la cumbre, es más que un título: es una promesa para quienes no se rinden.

¡Nos vemos allá arriba!


Por Domingo Núñez Polanco