Por Domingo Núñez
(Inspirado en la obra “Apuntes”, del Dr. Antonio Zaglul)

El hombre que quiso entender al pueblo desde el alma

Dr. Antonio Zaglul

El doctor Antonio Zaglul Elmúdesi (1920–1996) fue uno de los grandes pioneros de la psiquiatría social dominicana. No solo atendió enfermos en hospitales, sino que trató de sanar algo más profundo: las heridas invisibles del alma colectiva.
En su libro Apuntes, publicado en los años setenta, escribió una serie de reflexiones que iban más allá de la clínica. Buscaba descifrar el modo de ser del dominicano, sus reacciones, su carácter, su mezcla de orgullo y temor, de alegría y desconfianza.

Zaglul observó al dominicano con afecto, pero también con crudeza. Decía que en el fondo éramos un pueblo “herido por la historia”: por las invasiones, las dictaduras, las humillaciones, los abusos del poder. Y que esas heridas no se curan de un día para otro, sino que se transforman en rasgos del carácter nacional.

Breve sinopsis de Apuntes

En Apuntes, Zaglul parte de una idea simple pero profunda: la psicología del pueblo se moldea en la historia. De esa historia —de esclavitud, dependencia y miedo— nacieron algunos comportamientos típicos que él identifica con precisión y ternura:

— desconfianza preventiva: ese “estar chivo” que todos conocemos, la sospecha de que siempre hay un truco o un “gancho” detrás de lo que parece bueno.

-—La subestimación de lo propio: creer que lo extranjero vale más, que lo local es “de menos categoría”.

—El humor como defensa: reírse de todo, incluso del dolor, como quien baila su pena para no sentirla tanto.

—La doble personalidad social: el mismo pueblo capaz de una generosidad infinita también puede ser violento o impulsivo cuando se siente humillado.

Zaglul no juzga, comprende. Dice que esos rasgos son el resultado de siglos de dominación y frustración. Pero también reconoce en el dominicano una gran capacidad de amor, de fe, de esperanza.

¿Y el dominicano de hoy?

Han pasado más de cincuenta años desde que Zaglul escribió Apuntes. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué sigue igual?
Podríamos decir que el dominicano de hoy vive en un nuevo escenario, pero con viejos reflejos.

Persistencias

La desconfianza persiste: aun hoy, frases como “nadie cae en gancho” siguen circulando, lo que muestra que la “paranoia preventiva” de Zaglul sigue viva.
También persiste cierta subvaloración de lo nuestro, aunque ahora disfrazada de “moda global”: admiramos lo ajeno, lo importado, el acento extranjero, el estilo del otro. Aunque hay un auge del orgullo dominicano visible (turismo, música, cultura), persisten discursos de que lo “bueno” viene de fuera.

Y el humor sigue siendo nuestra medicina más efectiva: cuando algo duele, hacemos un meme, un chiste o una canción. Tal como lo señalaba Zaglul, “bailamos nuestra pena” — en tiempos de crisis, la risa, la burla, el “na’e’na” actúan como amortiguadores del dolor.

Transformaciones, Cambios o novedades

Pero hay señales nuevas que Zaglul quizás celebraría:

Globalización e identidad expandida: Hoy el dominicano joven tiene redes sociales, conexiones globales, migraciones familiares — lo que abre nuevas identidades híbridas, nuevos modelos culturales y quizás más orgullo de lo propio.
Las tecnologías y el reto de la atención/resiliencia:
En un mundo hiperconectado, la ansiedad, el estrés, la comparación constante, la “vida perfecta” en redes pueden sumar nuevos rasgos al carácter colectivo.

Reposicionamiento de lo nuestro:

Ha crecido una ola de valorización de lo dominicano — música urbana, moda, gastronomía local — lo que podría atenuar esa baja autoestima de antaño.
Un orgullo emergente. Cada vez más jóvenes sienten orgullo de ser dominicanos, de la música urbana, del acento, del merengue que resucita, del ron artesanal, del café de montaña.
Una conciencia crítica. Hay más voces que denuncian, que se indignan, que exigen transparencia.
Una identidad abierta. La migración, las redes, el contacto global han ampliado el horizonte mental. El dominicano se ve como ciudadano del mundo, pero sin dejar su sabor y su picardía.
Una nueva autoestima. Ya no queremos solo sobrevivir, queremos prosperar, estudiar, viajar, crear, emprender.

El espejo del presente

Si Zaglul viviera hoy, tal vez diría que seguimos siendo el mismo pueblo de alma alegre y corazón herido, pero con más conciencia de quiénes somos.
El dominicano ya no solo baila su pena: también la enfrenta, la transforma, la convierte en canción, en empresa, en arte, en protesta, en esperanza.


Vivimos tiempos donde el estrés, la ansiedad y la prisa global nos moldean tanto como antes lo hicieron las dictaduras o la pobreza. Pero también contamos con más herramientas para sanar: educación, redes, diálogo, autoestima cultural.
Es quien, aun cuando bromea, ríe o “le pone swing” a la vida, también entiende que la risa no es solo evasión, sino desafío.
Es quien vive en un país de contrastes: una economía que crece, barrios de lujo junto a cinturones de pobreza; migraciones, diásporas, retorno; trabajo informal, talento digital.


Es quien en medio del tráfico, los apagones, la burocracia, puede quejarse — pero también intentarlo, moverse, emprender, crear comunidad.
Es quien hereda traumas históricos (dictaduras, intervenciones, exclusión), pero también hereda nuevas herramientas (internet, redes, cultura global) para reescribir su historia interior.

Un perfil dominicano 2025

Mayor crítica social: Las nuevas generaciones demandan transparencia, justicia, cuestionan el “no cambia nada” y están más dispuestas a movilizarse — lo que sugiere que la inhibición que señalaba Zaglul está perdiendo terreno.
El dominicano de hoy es quien, a pesar de saber que “nadie cae en gancho”, está dispuesto a caer en el riesgo de cambiar las cosas.


El dominicano de hoy es resiliente, intuitivo, solidario. Se ríe de su tragedia y comparte su alegría.
Puede desconfiar del político, pero confía en el vecino. Puede criticar al país, pero no soporta que otro lo critique.
Sabe que el futuro no se hereda: se construye. Y aunque todavía baila su pena, cada vez baila con más orgullo de su propia historia.
De Zaglul a nosotros: una lección que sigue viva

¿Por qué este enfoque importa para DomingoLaRevista?
Porque es un llamado a la autoconciencia colectiva: conocer lo que somos para decidir mejor lo que queremos ser.
Porque permite un lenguaje llano, cercano: hablamos del dominicano “de a pie”, no solo del académico.
Porque es una historia, psiquiatría social, cultura y actualidad: una mirada integral al ser dominicano.
Porque invita a la transformación: reconocer los rasgos no es resignarse a ellos, sino entenderlos para superarlos.

Antonio Zaglul

El doctor Antonio Zaglul Elmúdesi (1920-1996) fue un psiquiatra dominicano de gran reconocimiento, pionero de la psiquiatría social en la República Dominicana.
Entre sus obras más destacadas se encuentra Apuntes (publicado en 1972/74, según las fuentes) en el cual aborda, en un tono ensayístico y accesible, el “perfil psicológico del dominicano”.
Breve sinopsis de Apuntes

En Apuntes, Zaglul analiza lo que considera rasgos colectivos del carácter dominicano, a partir de una combinación de su experiencia clínica y de lectura histórico-social. Algunos de sus planteamientos centrales:
Identifica una baja autoestima colectiva: el dominicano, según él, tiende a infravalorarse, a pensar que lo propio vale menos, lo extranjero vale más.

Una especie de paranoia social: surge de décadas (siglos) de represión, dominación, humillación y temor. “Estar chivo”, “no querer caer en gancho” son expresiones que utiliza para ilustrar esa desconfianza estructural.

Un temperamento marcado por el dolor y la frustración histórica, reflejado incluso en lo cultural: a pesar de la aparente alegría, el dominicano “baila su pena”, como señala Zaglul.
La subestimación de lo nuestro y la admiración de lo ajeno: en su visión, muchos dominicanos pretenden lo extranjero como parámetro y olvidan su propia raíz.

Su hipótesis es que toda esta configuración de carácter no es simplemente biológica, sino traumática e histórica: invasiones, dictaduras, intervenciones extranjeras, corrupción, abuso de poder.

En lenguaje llano: es un libro breve pero provocador, que invita a mirar al espejo como colectivo, reconocer las huellas que deja la historia en el modo de ser, de relacionarnos, de desconfiar, de infravalorarnos, y lanzar una invitación a cambiar esos patrones.

Enfoque actualizado: ¿Y el dominicano de hoy?
Partiendo de Zaglul, podemos replantear el perfil psicológico colectivo del dominicano en el contexto contemporáneo — en tono accesible, estilo Domingo La Revista — resaltando tanto continuidad como cambio:

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