Por la Redacción de Domingolarevista.com
Aunque muchas veces nos parezcan inofensivos o incluso necesarios para “refrescarnos”, los refrescos azucarados —y también los ‘light’— pueden tener un impacto real y preocupante en nuestra salud cuando se consumen de forma habitual. Un reciente artículo publicado por RT ha reabierto el debate sobre estas bebidas y sus efectos acumulativos en el cuerpo humano.
En Domingo Revista queremos ir un paso más allá y analizar la información con una mirada cercana, para que sepas lo que realmente ocurre en tu cuerpo si tomas refrescos todos los días.

Demasiado azúcar en poco tiempo
Una lata de refresco (355 ml) puede contener hasta 37 gramos de azúcar añadido. Para ponerlo en perspectiva: eso supera el límite diario recomendado por la Asociación Estadounidense del Corazón (25 g para mujeres, 36 g para hombres). Al ser de rápida absorción, esta cantidad de azúcar dispara el nivel de glucosa en sangre y obliga al cuerpo a generar una gran cantidad de insulina para controlarlo. ¿El resultado? Subidas y bajadas bruscas de azúcar en sangre que te dejan fatigado, irritable o con antojos. A largo plazo, este vaivén puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares e incluso dañar los vasos sanguíneos pequeños.
Triglicéridos y colesterol: enemigos silenciosos
Lo que no se quema, se transforma en grasa. El azúcar que no usamos como energía, el cuerpo lo convierte en grasa que se acumula o circula en forma de triglicéridos. Estudios recientes indican que quienes beben refresco de forma habitual tienen casi el doble de riesgo de tener triglicéridos elevados y un 53 % más de posibilidades de tener bajo el colesterol “bueno”.
Este proceso puede terminar afectando al hígado, provocando una condición cada vez más común: el hígado graso no alcohólico.
¿Y el peso? El azúcar líquida no sacia
Tomar refrescos no te llena, pero sí suma calorías. Al no producir saciedad, es fácil pasarse sin darte cuenta. Un estudio en niños reveló que el consumo diario de estas bebidas puede aumentar en un 60 % el riesgo de obesidad. Pero el impacto no es solo estético: la acumulación de grasa abdominal y visceral (alrededor de órganos vitales) es un serio factor de riesgo para enfermedades crónicas.
El ‘lado oscuro’ de los refrescos ‘light’
¿Y si cambio al refresco sin azúcar? Aunque se venden como una opción más sana, los refrescos ‘light’ contienen edulcorantes artificiales como aspartamo o sucralosa, que pueden alterar la microbiota intestinal y afectar el metabolismo de la glucosa. Algunos estudios vinculan su consumo frecuente con mayores tasas de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.
Además, el gas de estas bebidas puede irritar el estómago y agravar síntomas de gastritis, úlceras o reflujo gastroesofágico.
Tu boca también sufre
Los refrescos son altamente ácidos y azucarados: combinación perfecta para dañar dientes. Esta acidez favorece la desmineralización del esmalte, y el azúcar alimenta bacterias que producen ácidos aún más agresivos para tus encías. A la larga, pueden provocar caries, pérdida de piezas dentales e inflamación crónica en la boca.
Síntomas que no debes ignorar
Consumir refrescos a diario puede generar síntomas físicos que muchas veces pasamos por alto o atribuimos a otras causas:
Cambios bruscos de humor y energía.
Hinchazón, gases, náuseas o diarrea.
Dolor estomacal o sensación de quemazón.
Necesidad constante de orinar y deshidratación leve.
Ansiedad por alimentos dulces.
¿Cuánto es demasiado?
Los expertos coinciden en que el consumo ocasional de refrescos no es alarmante, pero tomar uno o más al día sí puede convertirse en un problema de salud a medio y largo plazo. Moderación, información y alternativas más saludables como el agua con gas con limón o las infusiones frías pueden ayudarte a reducir su presencia en tu día a día.
Conclusión editorial
Como medio comprometido con la salud y el bienestar, en Domingola Revista creemos que es momento de replantearnos lo que bebemos. No se trata de prohibir, sino de entender. Conocer los efectos de los refrescos en el cuerpo nos da herramientas para tomar decisiones más conscientes. Porque la salud también se bebe.
