El yo, ese compañero que puede salvarte… o hundirte
¡Buenas noches!
Aquí les comparto una reflexión llana, cercana y accesible, ideal para finalizar la semana y empezar la siguiente con nuevos bríos y pensamientos esperanzadores en el porvenir.

«El hombre debe descubrir su propia realidad y no frustrarse a sí mismo. Porque él tiene al yo como su propio amigo o enemigo. Una persona tiene al yo como su propio amigo cuando se ha conquistado a sí misma, pero si rechaza su propia realidad, el yo le hará la guerra.»
— Bhagavad Gita, 6,5
El texto extraído del Bhagavad Gita nos invita a mirar hacia dentro, a reconocer esa parte de nosotros que a veces ignoramos, otras veces tememos y, en contadas ocasiones, abrazamos con honestidad: nuestro verdadero yo.
«El hombre debe descubrir su propia realidad y no frustrarse a sí mismo…»
Estas palabras resuenan con fuerza en un mundo donde muchas veces vivimos de cara al exterior, cumpliendo expectativas ajenas y descuidando el diálogo interno. ¿Qué pasaría si, por un momento, dejáramos de luchar contra lo que somos y empezáramos a conocernos con ternura?
El texto nos recuerda algo esencial: el yo puede ser nuestro amigo o nuestro enemigo. Todo depende de si hemos hecho las paces con nosotros mismos. Una persona que se ha conquistado a sí misma —que se conoce, se acepta y se cuida— camina con un aliado fiel. Pero quien se rechaza, quien no se permite ser, termina en una batalla constante.
En esta era de tanto ruido, la invitación es clara: haz de tu yo a tu amigo. Escúchalo, entiéndelo, acompáñalo. Porque al final, la mayor paz que podemos encontrar no viene de fuera, sino de estar en armonía con quien realmente somos.
El yo, ese compañero que puede salvarte… o hundirte
Vivimos en una época en la que mirarse al espejo puede ser un acto de valentía. No por el reflejo físico, sino por lo que hay detrás: la historia, las heridas, los deseos no cumplidos, las decisiones difíciles y, sobre todo, la identidad real que muchas veces evitamos enfrentar.
Este antiguo pasaje del Bhagavad Gita, uno de los textos más sagrados del hinduismo, nos habla de algo tan actual como eterno: la relación con uno mismo. Lo que en el mundo moderno llamaríamos autoestima, salud mental o autoconocimiento, ya era motivo de reflexión espiritual hace más de dos mil años.
¿Quién es tu yo cuando nadie te ve?
La pregunta puede parecer sencilla, pero es profunda. Hay quienes viven huyendo de sí mismos: se llenan de actividades, se pierden en redes sociales, se escapan en rutinas que los mantienen ocupados, pero vacíos. El yo se convierte entonces en un enemigo silencioso, que no grita, pero tampoco deja dormir.
Sin embargo, cuando alguien se toma el tiempo de conocerse de verdad —sin juicios, sin máscaras, sin querer agradar—, ocurre algo mágico: el yo se transforma en un aliado. Aparece la serenidad. Ya no hay guerra interna. No porque todo esté resuelto, sino porque uno se acepta incluso con lo que no ha sanado del todo.
Conquistarse a uno mismo: la batalla más noble
«Conquistarse a sí mismo» no es imponerse normas rígidas ni ser perfecto. Es, más bien, entender nuestras luces y nuestras sombras. Reconocer lo que somos sin querer encajar en moldes ajenos. Es permitirnos ser humanos, con todo lo que eso implica.
Esta conquista, lejos de ser una lucha externa, es un proceso íntimo, a menudo silencioso, que requiere honestidad, compasión y paciencia. Solo quien se ha conquistado a sí mismo puede vivir en paz consigo y, por tanto, en paz con los demás.
Haz de tu yo tu mejor amigo
Este domingo, tómate unos minutos para escuchar a tu yo. No ese que siempre critica, sino el que anhela ser escuchado. El que guarda tus sueños, tus miedos, tu verdad. Hazte esta pregunta con cariño: ¿estoy siendo amigo o enemigo de mí mismo?
Quizás la respuesta no sea inmediata, pero ya has empezado el viaje más importante de todos: el que va hacia dentro.
Que este texto te sirva como semilla y te acompañe hoy y siempre para seguir descubriendo ideas que inspiran para la reflexión de cada etapa del camino.
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