En un episodio que parece sacado de una película, un joven en la provincia de Tucumán, al norte de Argentina, irrumpió en su propio velorio, gritando: “¡Estoy vivo!”, provocando un caos emocional entre los presentes.

La noticia, reportada por Contexto Tucumán y difundida por varios medios internacionales como RT, señala que el joven —cuya identidad no ha sido revelada— sorprendió a todos al llegar a la casa donde se realizaba la ceremonia fúnebre en su honor.

Familiares y vecinos no podían dar crédito a lo que veían. Según relató una testigo, se vivieron momentos de llanto, gritos y desconcierto total: «Hubo un lío tremendo, algunos se espantaron y otros lloraban. Quedamos helados», contó.

¿Qué ocurrió realmente?

Todo se originó por una confusión en la identificación de un cadáver, consecuencia de una imprudente y negligente actuación de las autoridades. Un joven falleció el jueves tras lanzarse bajo las ruedas de un camión. Al día siguiente, una mujer acudió a la comisaría y lo identificó como su hijo basándose únicamente en su ropa y rasgos físicos. Increíblemente, no se realizaron pruebas genéticas.

Con esa base, se entregó el cuerpo y se organizó el velorio familiar para el fin de semana. Lo que nadie esperaba es que el supuesto fallecido llegara vivo, confesando que había estado desaparecido unos días debido al consumo de drogas en una localidad cercana, sin saber que lo habían dado por muerto.

El caso, por supuesto, sigue abierto. El verdadero fallecido aún no ha sido identificado.


Un recuerdo similar en Bonao

Esta historia ha traído a mi memoria un caso muy similar ocurrido en los años 70 en mi querido Bonao, República Dominicana. Aunque las circunstancias fueron diferentes, también fuimos testigos de una confusión fúnebre que paralizó a todo el barrio. Lo que demuestra que, por insólito que parezca, estos errores humanos pueden repetirse en distintas latitudes y épocas.


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