Los refranes son la sabiduría popular destilada en pocas palabras. Algunos nacen de la experiencia campesina, otros de la observación de los ciclos políticos, y muchos sobreviven siglos por su aguda vigencia. Uno de ellos es el célebre: «A río revuelto, ganancia de pescadores», una frase que, como pocas, describe la forma en que algunos se enriquecen o sacan ventaja en medio del caos, la confusión o la desgracia ajena.

Domingo Núñez en una escala técnica camino a Rancho Arriba, carretera piedra blanca/Ocoa.
Este refrán, de origen medieval y presente en obras clásicas como La Celestina o La Pícara Justina, ha viajado por los siglos para quedarse en el habla cotidiana. Su espíritu no cambia: cuando el río está claro, todos ven; cuando está turbio, los más astutos pescan sin ser vistos.
Hoy lo analizamos desde varias perspectivas: histórica, conceptual y con ejemplos tanto de la República Dominicana como del ámbito global.
¿Qué significa realmente este refrán?
En términos sencillos, «a río revuelto, ganancia de pescadores» se refiere a la oportunidad que algunos encuentran en medio del desorden, cuando las reglas se relajan, la vigilancia se dispersa o la atención está puesta en otro lado.
Este fenómeno ocurre cuando:
Hay crisis económicas o políticas.
Se genera confusión o escándalo público.
Se pierde la confianza en instituciones.
Se vive una catástrofe natural o una emergencia nacional.
En esas circunstancias, algunos individuos, empresas o actores políticos aprovechan la distracción o el descontrol para sacar beneficios: ya sea económicos, sociales o de poder.
Origen clásico e interpretación universal
Ya Aristófanes, en la Antigua Grecia, advertía contra aquellos que “enturbian las aguas para pescar anguilas”. Este proverbio griego expresa la misma idea: provocar el caos para beneficiarse de él. Y no es casualidad que aparezca en la literatura picaresca y crítica de los siglos XV al XVII, donde el oportunismo era una herramienta de supervivencia en tiempos convulsos.
La sabiduría popular lo mantuvo vivo en distintas lenguas. En latín, se decía: “In turbidis aquis piscari”. En inglés, encontramos “To fish in troubled waters”. Y en francés: “Pêcher en eau trouble”.
Todos reflejan una verdad incómoda: el desorden siempre tiene espectadores… y beneficiarios.
Casos dominicanos: cuando el río se revuelve en casa.
En la historia reciente de la República Dominicana hay ejemplos elocuentes de cómo este refrán cobra vida:
Crisis eléctrica y apagones
Durante años, los apagones prolongados han sido un mal nacional. Pero en medio de esa inestabilidad, floreció un mercado negro de plantas, inversores y generadores. Muchos comerciantes sin escrúpulos aumentaban los precios durante los apagones, sabiendo que la necesidad urgía más que el bolsillo.
La pandemia del COVID-19
El caos sanitario y económico de la pandemia fue terreno fértil para muchos “pescadores”: compras públicas sobrevaloradas, contratos otorgados sin transparencia, escasez de insumos médicos convertida en negocio, y especulación con alimentos y productos de higiene.
Temporadas ciclónicas y desastres naturales
En momentos de emergencia climática, como tras el paso de tormentas o huracanes, la ayuda humanitaria a veces no llega completa a quienes la necesitan, desviada por quienes ven una oportunidad económica en la tragedia. El “pescador”, en este caso, no lleva red, sino influencias.
Elecciones políticas
En cada ciclo electoral dominicano hay ejemplos de cómo la incertidumbre o la polarización se convierten en caldo de cultivo para los oportunistas. Rumores, campañas sucias, manipulación de encuestas y compra de conciencias florecen en las aguas revueltas del poder.
Un fenómeno global
El refrán también tiene proyección internacional. En el colapso económico de 2008, mientras millones perdían empleos o casas, fondos de inversión y especuladores se hicieron más ricos que nunca comprando propiedades a precios irrisorios.
En guerras, conflictos y caídas de gobiernos, surgen empresas que prosperan vendiendo armas, prestando servicios “de seguridad”, o accediendo a contratos públicos sin licitación. Las crisis crean oportunidades… pero no para todos.
Reflexión ética y ciudadana
Desde domingon.com creemos que este refrán, aunque agudo y certero, también es una advertencia ética. Nos invita a estar atentos. A identificar quién se beneficia del desorden, y a qué precio.
A veces, no solo es cuestión de observar al pescador, sino de preguntarnos si también hemos lanzado redes en aguas ajenas. ¿Nos aprovechamos de la ignorancia de otro? ¿Nos beneficiamos del error o debilidad de un colega?
¿Celebramos el caos cuando nos favorece?
El refrán enseña, pero también exige responsabilidad. Si bien hay quienes ven en la tormenta una oportunidad, otros nos empeñamos en aclarar las aguas, no en enturbiarlas.
Conclusión
«A río revuelto, ganancia de pescadores» es más que un refrán: es una radiografía de la naturaleza humana. Algunos esperan la calma para construir, otros agitan las aguas para ganar. Pero tú, lector de domingon.com, ¿en qué orilla estás?
Gracias por acompañarnos en esta reflexión. Si te gustó este contenido, puedes encontrar más en: domingon.com la revista, donde la palabra y el pensamiento se cruzan.
