Reportaje para Domingón.com la revista – “Contar para no olvidar”
En la madrugada del 9 de octubre de 1971, el barrio 27 de Febrero se cubrió de luto con la desaparición y muerte de cinco jóvenes miembros del Club Héctor J. Díaz. Un crimen que estremeció al país y se inscribe en los años de terror del régimen balaguerista. Este reportaje busca rescatar su memoria e iluminar una herida que permanece abierta en nuestra historia colectiva.

El contexto histórico
- La República Dominicana vivía bajo el régimen represor de Joaquín Balaguer, en lo que se conoce como los “Doce Años”. En ese ambiente de miedo y control social, grupos paramilitares, como La Banda Colorá, actuaban con impunidad aparente Reddit+15El Nacional+15ojala.do+15Periódico elCaribe+1.
- El grupo fue creado y protegido por el general Enrique Pérez y Pérez, quien controlaba un cuerpo represivo que actuaba bajo el pretexto del anticomunismo Periódico elCaribe+4Wikipedia+4Facebook+4.
El crimen
- Aquella noche, los jóvenes acudieron a un colmado para comprar velas, refrescos y cigarrillos para el velatorio de un compañero. Al regresar, fueron interceptados por una patrulla policial Acento+9El Nacional+9LOTUSBET88+9.
- Solo la chica que los acompañaba escapó para avisar que no se trataba de “La Banda Colorá”, sino de miembros de la policía mismos LOTUSBET88+4El Nacional+4El Nuevo Diario+4.
- Los cuerpos fueron hallados en distintos lugares: Quita Sueño (Manoguayabo), la avenida Sarasota y la autopista Las Américas Diario Libre+3Periódico elCaribe+3desdelafuente.net+3.
- Fueron víctimas de brutalidades: Rubén Darío Sandoval recibió cuatro impactos de bala, Reyes Florentino Santana fue herido fatalmente, Víctor Checo fue baleado ocho veces, y en los cuerpos de Radhamés Peláez Tejeda y Gerardo Bautista Gómez se advertían signos de tortura, incluso mutilaciones El Nuevo Diario+9Periódico elCaribe+9Diario Libre+9.
Las víctimas
| Nombre | Edad aproximada |
|---|---|
| Rubén Darío Sandoval | 16 |
| Víctor Fernando Checo | 17–18 |
| Reyes Florentino Santana | 19 |
| Gerardo Bautista Gómez | 17–20 |
| Radhamés Peláez Tejeda | 20–21 |
- Eran jóvenes con vocación comunitaria: alfabetizaban, llevaban agua, reparaban casas; estaban lejos de posiciones políticas radicales Buenalectura+9Periódico elCaribe+9Diario Libre+9El Nacional+5LOTUSBET88+5Diario Libre+5El Nacional+1.
Reacciones y consecuencias
- El crimen fue descrito por la prensa de la época con adjetivos como “abominable salvajismo” y fue editorializado como epopeya de terror e injusticia LOTUSBET88Periódico elCaribe.
- Incluso el arzobispo Polanco Brito, mostrado en una crónica de la época, expresó la conmoción, con un gesto silencioso al ver el titular “¡Horror!” latinpop.fiu.edu+4Acento+4Buenalectura+4.
- El director de la Policía Nacional, general Pérez y Pérez, fue destituido pocos días después; su reemplazo, Ney Nivar Seijas, impulsó la detención de varios cabecillas de “La Banda”, aunque el caso finalmente quedó impune Periódico elCaribe+2desdelafuente.net+2.
La memoria persiste
- En 1984, el president Salvador Jorge Blanco estableció el 9 de octubre como “Día Nacional de los Clubes Deportivos y Culturales”, en memoria de los cinco jóvenes asesinados El Nacional+6Diario Libre+6Diario Libre+6.
- Cada año, voces como la del cronista Bienvenido Rojas insisten en mantener vigente su recuerdo, con frases como: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” Diario Libre+1.
Conclusión y cierre
Este reportaje recuerda a Rubén, Víctor, Reyes, Gerardo y Radhamés no como víctimas inocentes, sino como jóvenes comunitarios que merecen justicia y reconocimiento, símbolos de resistencia frente al autoritarismo. Al traer su historia a luz desde Domingón.com, honramos su legado: Contar para no olvidar.
Nota: Para más detalles o acceso a archivos y testimonios, pueden consultar obras como Mártires por error (José Díaz), ediciones retro de El Caribe, Listín Diario, El Nacional y Última Hora, así como registros oficiales del decreto que institucionalizó el Día de los Clubes
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Por José Díaz octubre 8, 2022 | Periódico el Nacional

En la madrugada del 9 de octubre de 1971 seis jóvenes de un barrio pobre de la ciudad capital, el “27 de Febrero” estuvieron en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Así inicia el prefacio de mi libro “Mártires por error”, precedido de una cita de Platón: “Yo declaro que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte».
Rubén Darío Sandoval, Reyes Florentino Santana, Gerardo Bautista Gómez, Radhamés Peláez Tejeda, Víctor Fernando Checo y una joven recordada sólo por el nombre de Carmen, se enfrentaron al destino y a la desgracia vestida de muerte cuando lo que salieron a buscar fueron velas, refrescos y cigarrillos.
Desde el momento en que abandonaron el velatorio de un compañero del club, muerto en un accidente de tránsito, exceptuando a la joven, no se volvió a saber de ellos hasta que aparecieron sin vida esparcidos por la ciudad.
Los cinco muchachos, que iban de los 16 a los 21 años, no se suicidaron, no murieron en un «intercambio de disparos» ni mucho menos murieron accidentalmente al caerles una lluvia de balas. Fueron muertos. Alguien les asesinó y casi 30 años después tratamos de reconstruir los hechos por los que no hay un solo detenido, nadie fue llevado a juicio y ni siquiera eso hubo: Un juicio.
Para la época en que se produce el quíntuple asesinato República Dominicana vivía bajo un ambiente de terror y pobreza. El presidente Joaquín Balaguer había sido reelecto el año anterior en unas elecciones forzadas y se sostenía en el poder con escaso respaldo popular, pero sí con el apoyo de los Estados Unidos y una gran maquinaria de terror que había sembrado de muertos y miedo todo el territorio nacional.
La intimidación se ejercía desde los aparatos represivos del Estado. Militares y policías poseían un código propio para aterrorizar a la población y en eso eran ayudados por un grupo de antisociales, casi todos exdirigentes de una izquierda atomizada, que bajo el nombre de «Frente de la Juventud Democrática Anticomunista y Antiterrorista», mejor conocido como «La Banda», patrullaba las calles de la capital haciendo desmanes por doquier.
La izquierda política del país, amarrada a esquemas obsoletos y aventureros, era presa fácil de las acciones terroristas, que en su momento quisieron imitar sin darse cuenta de que le ponían en bandeja de plata las excusas al gobierno para que le respondiera de la misma forma, pero con todo el poder que da el Estado.
En medio de este ambiente confuso y desalentador es que les sorprende la madrugada del 9 de octubre de 1971 a estos cinco muchachos, donde alguien se sintió con el derecho de arrebatarles la vida confiando, como finalmente sucedió, que no le pedirían cuentas, ya que eso era «normal» en nuestra nación.
Ese día oscuro de otoño se impuso la sinrazón, la lenidad, el terror, la cobardía y la impunidad que se ensañaron en cinco seres humanos que comenzaban a vivir y que probablemente no tuvieron tiempo ni de preguntarse por qué el destino los llevó a toparse con hienas asesinas que los convertirían en «Mártires por error».
Hasta aquí el prefacio de mi libro. Los muchachos fueron llevados a Radiopatrulla. La joven que los acompañaba al momento de ser apresados se asustó y salió corriendo y fue quien dio la pista de que fue la policía y no “La Banda” como quisieron establecer desde el gobierno. Esa misma patrulla, horas antes, quiso matar al segundo de la Revolución de Abril, Manuel Ramón Montes Arache, pero no tuvieron el valor y el teniente que la comandaba dijo “Hoy no me voy en blanco”, y ¡vaya que no se fue en blanco!
El autor es médico.
