Domingo Núñez Polanco

En la era de la comunicación digital, abundan quienes utilizan las redes sociales y los medios no para construir ni dialogar, sino para denostar, juzgar y banalizar. Hay quienes opinan sin conocimiento ni experiencia, con la arrogancia de quien se cree dueño de la verdad, pero sin la responsabilidad que implica formar opinión en un espacio público; se han vuelto escaparates donde muchos opinan sin filtro y, lo más preocupante, sin compromiso. Se han convertido en tribunales improvisados donde se juzga a los demás con liviandad, desde la comodidad de una pantalla, como si la experiencia de vida pudiera resumirse en una publicación o comentario mordaz.

Domingo Núñez

Hay quienes, sin haber construido desde el esfuerzo propio, se atreven a despreciar lo que durante generaciones ha dado forma a nuestra identidad, descalifican sin argumentos, atacan valores fundamentales como el respeto, la familia, la cultura o la tradición, con la liviandad de quien no comprende su peso ni su significado. No construyen puentes: colocan piedras. No inspiran caminos: los bloquean. Se han convertido en comentaristas de la vida ajena sin haber vivido siquiera la propia con profundidad.

Estas personas no construyen, destruyen. No buscan entender, buscan imponer. Ponen piedras en los caminos que ellos mismos no se atreven a recorrer, obstaculizando con sus palabras vacías los pasos de quienes sí quieren avanzar.

Lamentablemente, muchas de estas voces ganan visibilidad no por la calidad de sus ideas, sino por su capacidad de generar polémica vacía. Frente a esta realidad, es urgente recuperar el sentido de responsabilidad en el uso de la palabra.
Debemos fomentar un uso consciente y respetuoso de los medios, defendiendo lo que nos une, valorando nuestra cultura y recuperando el valor del pensamiento crítico, auténtico y con propósito.

Frente a este panorama, creo firmemente que es momento de despertar una conciencia más crítica y responsable. No podemos seguir alimentando voces que desprecian lo valioso y exaltan lo superficial. Es tiempo de defender con orgullo lo que somos, de hablar con fundamento, de promover el respeto y de hacer de cada palabra una herramienta para educar, no para dividir.

Invito a quienes usan las redes y los medios a reflexionar antes de publicar, a poner el foco en lo que construye, en lo que une. Que nuestras palabras no sean eco del ruido, sino semillas de sentido.