Hoy quiero felicitar a todos los padres, esos pilares silenciosos que, con amor, sacrificio y ejemplo, sostienen el alma de sus familias. Lo hago desde un lugar muy personal, evocando con gratitud la figura de mi padre, don Manuel Antonio Núñez.

Fue un hombre de trabajo y principios, de pocas palabras pero de acciones elocuentes. Nos enseñó, sin alardes, a ser responsables, a honrar la palabra dada, a ser solidarios y a no claudicar ante la adversidad. Su vida fue un testimonio sereno de dignidad, humildad y fortaleza.
A través de él entendí que ser padre no es solo engendrar, sino estar presente, guiar con el ejemplo, proteger con firmeza y amar sin condiciones. Don Manuel Antonio sembró en nosotros valores que aún florecen, y su legado sigue marcando mi camino, como una brújula moral y emocional que no se desgasta con el tiempo.
En su nombre, quiero honrar hoy a todos los padres que luchan, cuidan, sueñan y enseñan. A los que están y a los que ya partieron, pero siguen vivos en el recuerdo y en la herencia espiritual de sus hijos.
Feliz Día del Padre.
Domingo A. Núñez Polanco

