Por Domingo Núñez

¿Puede un texto de hace tres mil años describir a los líderes del siglo XXI?
Los Salmos, con su lenguaje poético y su fuerza profética, siguen desenmascarando la malicia del poder y la hipocresía de los poderosos.
En esta nueva entrada de Domingo/La Revista, exploramos cómo la Biblia antigua nos habla hoy con sorprendente claridad.
Léelo completo aquí 👉 [Domingo/La Revista]

Una lectura actual de textos milenarios

“La Palabra no envejece. Lo que fue justo ayer, lo sigue siendo hoy. Lo que fue perverso, también.”
— Reflexión anónima sobre los Salmos

El Rey David escribió contra los corruptos de su tiempo.
Tres mil años después, seguimos reconociendo esos rostros detrás del poder.
Te invito a leer esta reflexión desde los Salmos, donde la Biblia y la política se cruzan en un mismo clamor por la verdad

Hoy, cuando vemos cómo los líderes traicionan la memoria y la justicia, cuando se manipulan los valores para justificar guerras o silencios cómplices, estas escrituras milenarias nos interpelan. No son palabras muertas. Son un espejo que todavía incomoda.
Este texto no busca dividir, sino despertar. No condena pueblos ni naciones, sino que señala conductas, actitudes y desvaríos que se repiten en el tiempo. La política sin conciencia es violencia maquillada. La fe sin justicia es fanatismo vacío.
Quizás por eso los Salmos siguen vivos. Porque el hombre sigue repitiendo su historia

Domingo Núñez, administrador Domingo/La Revista

Volver a los Salmos no es un ejercicio de nostalgia religiosa, sino un acto de lucidez histórica y espiritual. En sus versos, compuestos en un mundo aparentemente muy distinto al nuestro, habita una sabiduría profunda que desnuda los rostros del poder y la condición humana.

Los Salmos tienen más de tres mil años de antigüedad, y sin embargo, sus palabras siguen hablándonos con una sorprendente vigencia. En ellos encontramos denuncias claras contra la injusticia, el engaño y la hipocresía de quienes ostentan el poder. Son textos antiguos, sí, pero con una mirada profundamente humana y política.

En el Salmo 7:15, se nos presenta esta imagen: “Miren al hombre preñado de malicia: concibe la desgracia y da a luz el fracaso.”

El Salmo 5:10 añade una advertencia certera: “Nada sincero hay en su boca, sólo crimen hay en su interior. Su garganta es sepulcro abierto, y con su lengua halagan.”

Y en el Salmo 10:3, se denuncia la soberbia de los ambiciosos: “El malvado se gloría de la avidez de su alma; el aprovechador maldice y desprecia al Señor.”

Estas palabras, escritas hace milenios, bien podrían aplicarse a muchos líderes actuales. Las trampas del poder, la corrupción del lenguaje, la traición a los principios… no son nuevas. Lo que ocurría en los días de David y Salomón, sigue ocurriendo hoy, en la República Dominicana, en Colombia, en Madrid, en Washington… y ahora, con triste claridad, en el corazón mismo de Europa.

Los líderes europeos, alineados con los intereses de la OTAN y de Estados Unidos, han demostrado una doble moral alarmante en el contexto de la guerra en Ucrania. Han traicionado al pueblo ruso, ese mismo que, durante la Segunda Guerra Mundial, salvó a Europa del nazismo a costa de más de 27 millones de vidas.
Esos mismos líderes ahora apoyan a un gobierno que se sostiene con milicias neonazis, responsables de atrocidades contra quienes no comparten su origen étnico, especialmente la población rusa y otras comunidades que han habitado históricamente Ucrania.
Parecen hacer como el gato que cierra los ojos para no ver quién le da de comer. Olvidan la historia. Ignoran la gratitud. Y lo peor: niegan la justicia.

Salomón, en el Eclesiastés, escribió hace siglos algo que hoy resulta estremecedor: “Me puse a considerar la tarea que Dios impone a los hombres para humillarlos. Todo lo que Él hace llega a su tiempo; pero ha puesto la eternidad en sus corazones, y el hombre no encuentra el sentido de la obra divina… Lo que es, ya existió; lo que será, ya fue. En vez de derecho, se encuentra injusticia; en la sede de la justicia se sienta el malvado.”
Leer los Salmos hoy es también una forma de resistencia: una forma de nombrar las injusticias, de abrir los ojos ante el engaño, y de recordar que hay verdades que no pasan de moda.

En tiempos de confusión, conviene volver a las palabras que resisten al tiempo. Porque cuando la política traiciona, la memoria puede redimir.

Domingo Núñez