Una vida al servicio público

Domingo Núñez

Durante más de veinticinco años consagré buena parte de mi vida al servicio público, convencido de que servir al Estado es una de las formas más nobles de contribuir al bienestar colectivo. Mi ingreso formal a la administración pública se produjo en 1996, cuando fui nombrado como encargado de Comercio Interno del Instituto de Estabilización de Precios (Inespre), bajo la dirección del ingeniero Gustavo Sánchez, designado por el entonces presidente Leonel Fernández.

Gustavo era un profesional íntegro, comprometido con las mejores causas del pueblo dominicano. Su formación y experiencia en el ámbito de la comercialización agrícola le daban una visión clara y profunda del rol que debía jugar Inespre en la economía nacional. Solía reunirnos —a mí y a otros técnicos como David Pérez, Virgilio Félix, Marcos Santana— para compartir su visión: “Debemos lograr que Inespre se convierta en la institución que regule, normatice… una especie de superintendencia de los mercados agrícolas”.

Domingo Núñez en mesa de análisis y desarrollo con su equipo de trabajo

Bajo esa premisa, y en el marco del primer gobierno de Leonel Fernández, trabajamos con entrega y entusiasmo. Desde Inespre impulsamos iniciativas que aportaron significativamente al fortalecimiento de la comercialización agropecuaria nacional. En ese equipo multidisciplinario, debo destacar también al licenciado Antonio Siriaco, un economista completo, profundo conocedor de las dinámicas del mercado, cuya visión enriqueció los debates y fortaleció las estrategias implementadas.

Sin embargo, los vientos políticos cambiaron. Con la llegada del presidente Hipólito Mejía, un agrónomo de formación que en su momento generó grandes expectativas por su vínculo con la agricultura, muchas esperanzas se desvanecieron. Ya había ocupado el cargo de Secretario de Agricultura durante el gobierno de don Antonio Guzmán, y se esperaba que su gestión beneficiara a los pequeños y medianos productores. Pero la realidad fue otra: la agropecuaria nacional sufrió una de sus etapas más difíciles, marcada por el abandono, las malas decisiones y la frustración generalizada en las zonas rurales.

El regreso de Leonel Fernández a la presidencia en 2004 trajo consigo una nueva oportunidad para servir al país desde una institución que conocía bien. Esta vez fui asignado a la Dirección de Planificación, y más adelante fui designado Subdirector del Inespre por decreto presidencial. Se me confió entonces la dirección del ambicioso programa de los Mega Mercados, cuyo objetivo era doble: por un lado, asegurar un mercado digno y estable para los pequeños y medianos productores; por otro, ofrecer a la población productos de la canasta básica agropecuaria a precios accesibles.

Mi paso por esa institución fue de mucho aprendizaje y una oportunidad invaluable de aportarle a mi país mis humildes servicios. Entre 2008 y 2012, bajo la dirección del licenciado Ricardo Jacobo, asumí la responsabilidad de coordinar tanto el área operativa como la gerencia de planificación. Era un reto complejo que exigía entrega, liderazgo y visión estratégica. Por un lado, debíamos organizar y supervisar los mercados populares del Inespre; por otro, definir los lineamientos generales de planificación institucional.

Bajo nuestra supervisión se encontraban departamentos clave como Programación, Informática, Normas Técnicas e Inocuidad, además de la coordinación presupuestaria. Esta labor no habría sido posible sin el acompañamiento y la competencia de un equipo técnico extraordinario: Virgilio Félix, Teresa Mota, Ney en presupuesto y ejecución, Antonio Siriaco en el Departamento de Estudios Económicos, Julio Arias como subgerente de Planificación, y la asesoría constante de Marcos Santana y Euclides Morillo. No puedo dejar de mencionar a mi secretaria, Luisa Lorenzo, cuya eficiencia y discreción fueron esenciales en el día a día.

En 2012, con la llegada a la Dirección Ejecutiva del INESPRE del general Zorrilla Ozuna, se estableció una profunda empatía entre ambos. Juntos logramos una sinergia productiva, una especie de unidad de acero entre la Dirección y la Subdirección. Aunque mis responsabilidades se redujeron, concentrándome únicamente en la Dirección de Planificación, esta etapa fue igualmente fructífera.

Permanecí en funciones como Subdirector de INESPRE hasta el año 2020, cuando concluyó la gestión con el cambio de gobierno de Danilo Medina a Luis Abinader.

Por mi conocimiento cabal de Inespre y la experiencia acumulada, la nueva administración, encabezada por el licenciado Iván Hernández Guzmán —designado por el presidente Abinader—, tuvo la gentileza de mantenerme en funciones. Durante los primeros cuatro años de esta gestión serví como asesor en Gestión de Programas, función que desempeñé con la misma vocación y compromiso de siempre.

Finalmente, en junio de 2024, concluí mi labor como servidor público, pasando a la condición de pensionado del Estado dominicano, tras más de un cuarto de siglo al servicio de la patria. Me retiro con la satisfacción del deber cumplido, con la convicción de haber aportado con honestidad, esfuerzo y pasión al bienestar de los más necesitados. Mi paso por Inespre no solo fue una experiencia profesional; fue, sobre todo, una forma de amar a mi país.

Un tiempo sembrando con fe y esperanza

Mirando hacia atrás, reconozco que mi paso por el servicio público —y en particular por el Inespre— fue más que un ejercicio laboral. Fue una travesía de vida, una escuela de compromiso, paciencia y responsabilidad. Allí, en los pasillos institucionales y en los mercados populares, entre papeles y comunidades rurales, descubrí el verdadero sentido del trabajo público: estar cerca de la gente, escuchar sus necesidades, ayudar a mejorar su día a día.

No siempre fue fácil. Hubo obstáculos, incomprensiones, cambios bruscos de dirección política. Pero en cada etapa me sostuvo una convicción: el servicio al pueblo no es un favor, es un deber moral. Y cuando se hace con honestidad y entrega, deja huellas invisibles pero duraderas en la memoria colectiva.

Me enorgullece haber formado parte de una institución que, en los mejores momentos, supo ser puente entre el campo y la ciudad, entre el productor y el consumidor, entre el hambre y la dignidad. A través de cada plan, de cada programa, de cada acción concreta, sentí que sembrábamos no solo soluciones económicas, sino confianza en lo público. Hoy, al cerrar este ciclo con la serenidad que da el deber cumplido, agradezco la oportunidad de haber servido, de haber aprendido y de haber compartido camino con personas valiosas.

Palabras del Retiro

“El servicio no termina con el cargo: continúa en la memoria, en el ejemplo y en las semillas que dejamos en los demás. *Me voy en paz, con las manos limpias y el corazón lleno.” El autor

Al concluir esta larga jornada de más de veinticinco años como servidor público, una mezcla de emociones me habita: gratitud, nostalgia, orgullo sereno y una profunda sensación de plenitud. No fue simplemente un empleo. Fue una parte significativa de mi vida, un escenario donde pude poner mis talentos al servicio de mi país, crecer como profesional, como ciudadano, y también como persona.

Ingresé al Inespre en 1996, en un tiempo de renovación institucional y de esperanza política. Desde entonces, cada gobierno trajo consigo su impronta, sus retos y también sus oportunidades. Yo traté siempre de mantenerme fiel a mis convicciones: servir con honestidad, con entrega, y con la certeza de que las políticas públicas no son cifras ni papeles, sino rostros humanos, necesidades reales, vidas que pueden cambiar para bien.

Desde la gerencia de planificación, la subdirección y las diferentes funciones que me fueron confiadas, procuré cumplir con esmero. Viví de cerca las tensiones propias del servicio público, pero también gocé de los frutos del trabajo bien hecho, del respeto ganado, de los vínculos humanos que dejan huella. Compartí camino con colegas valiosos, con técnicos brillantes y con líderes que, en mayor o menor medida, creyeron en mí.

Hoy, desde el retiro, miro todo ese recorrido con el corazón en calma. No me llevo diplomas ni medallas. Me llevo algo más valioso: la satisfacción íntima de haber aportado, de haber sido útil, de haber entregado lo mejor de mí en la trinchera que me tocó.

Me retiro, sí, pero no me alejo del compromiso con mi país. Sigo creyendo en el poder de lo público cuando se ejerce con decencia. Sigo apostando por una República Dominicana más justa, más humana, más solidaria.

Agradecimientos

Agradezco, en primer lugar, a Dios, por haberme dado salud, temple y sabiduría para transitar este largo camino. A mi familia, por su paciencia, su amor y su fe en mí, aun en los días más duros y sacrificados.
A todos los compañeros y compañeras con quienes compartí jornadas de trabajo, ideas, sueños y luchas. Cada uno aportó su luz en esta historia común. A los distintos directores que confiaron en mi capacidad y compromiso: Gustavo Sánchez, Peña Guaba, Ricardo Jacobo, Zorrilla Ozuna e Iván Hernández Guzmán. De cada uno aprendí algo que enriqueció mi visión del servicio público.

Y finalmente, al pueblo dominicano, al que traté de servir con humildad y dignidad, con la esperanza de haber sembrado algo bueno, aunque fuese una pequeña semilla, en el vasto campo del bien común.

Domingo Núñez