Nací un domingo 12 de mayo de 1954, y aún recuerdo, por lo que me contaron, el corre-corre de papá buscando cómo llevar a mamá al hospital. Todo empezó de película, me cuentan: un parto urgente, un camión cargado de maní como ambulancia, y la gran noticia anunciada por Bolito Tapia, el enfermero: “Antonio nació varón”. Es un relato que atesoro, no solo por ser mi llegada al mundo, sino por lo que representa: la sencillez, el amor familiar y el espíritu de lucha que han marcado mi vida.

Hoy, al mirar hacia atrás, no puedo evitar recordar las palabras de Calderón de la Barca: “la vida es sueño”, pero añado que los sueños solo se convierten en realidad cuando los vivimos con amor, voluntad, constancia e inteligencia.
A mis 71 años, confieso que ahora escucho menos ruido y siento más profundamente. Me conmueve lo sencillo: un atardecer, un buen café, una mirada sincera. Quizás son los años… o quizás, solo quizás, estoy empezando a ver la vida tan bella como realmente es.
He vivido con intensidad, guiado por el amor a mi patria, a mi gente y a los principios que heredé de mis padres y abuelos. Desde aquí, reafirmo que seguiré luchando cada día por una República Dominicana digna, como la soñaron Duarte, Luperón y Bosch.
Este es mi testimonio, con afecto y gratitud para todos mis familiares y amigos.
Domingo Antonio Núñez Polanco
