A nuestros niños desde la escuela primaria es indispensable iniciarlos en el conocimiento de su geografía, de su historia y de su literatura y su arte. Antes de conocer la cultura de otros pueblos hay que conocer la cultura propia.
Hostos empezaba por recomendar que los niños estudiaran la geografía del barrio, después de la ciudad y por último la geografía patria, como antecedente indispensable del estudio de la geografía del resto del planeta. Sea cual sea el método que se adopte lo esencial es estudiar con preferencia y con ahínco nuestro propio medio.

Desgraciadamente, el hábito de la lectura no está tan arraigado como debería. En mi opinión, grán parte de la culpa la tienen en nuestras escuelas al habernos obligado a leer auténticos ladrillos, cuando en un principio deberían habernos enganchado con literatura más amena. El que redescubre la lectura no la deja, y el que no lee no sabe lo que se está perdiendo.
Los Griegos nos legaron este concepto “Conoce a ti mismo” de aplicarse tal como lo concebían los Griegos, seria una herramienta, un método portentoso para educar y tener a un pueblo con dominio de su propia naturaleza.No es el caso pues, insistir en la necesidad que el hombre tiene de conocerse a sí mismo; pero si importa recordar que los pueblos, como colectividad humana, están en la obligación primordial de conocerse a fondo, esto es, de estudiar sin desmayo cuales han sido sus aportaciones en el orden de la cultura y de la civilización y, en suma, de la vida intelectual y social.
A nuestros niños desde la escuela primaria es indispensable iniciarlos en el conocimiento de su geografía, de su historia y de su literatura y su arte. Antes de conocer la cultura de otros pueblos hay que conocer la cultura propia.
Hostos empezaba por recomendar que los niños estudiaran la geografía del barrio, después de la ciudad y por último la geografía patria, como antecedente indispensable del estudio de la geografía del resto del planeta. Sea cual sea el método que se adopte lo esencial es estudiar con preferencia y con ahínco nuestro propio medio.
Igual ocurre con la historia. El conocimiento de la historia patria debe iniciarse desde temprano y abarcar todos los grados de la escuela primaria.
Se concede poco tiempo a estudio de la literatura dominicana, y en la propia universidad se le reserva apenas un curso.
Debemos conocer lo nuestro y defender lo nuestro, porque como decía José Martí, nuestro vino, si sale agrio, es nuestro vino. Dicen que no se ama lo que no se conoce; no puede amar la patria si no conoce su memoria histórica.
Recomiendo leer autores dominicanos, que por cierto, lo tenemos muy bueno sobre todo los surgido después de la segunda mitad del siglo IX, tenemos a: Pedro Francisco Bono, Manuel Rodríguez Objio, Manuel de Jesús Galván (autor de Enriquillo) José Joaquín Pérez (Promotor del Indigenismo) Francisco Gregorio Billini (autor de Engracia y Antoñita) Tulio Manuel Cestero (autor de la novela la Sangre), en fin una nutrida cantidad de muy buenos autores.
Por igual, no podemos dejar de leer a quien amo y sirvió esta patria, el apóstol Eugenio María de Hostos, a los vástagos de la poetiza de la patria, Salome Ureña, nos referimos a los hermanos Henríquez Ureña Pedro y Max.
Termino diciendo que a quien no debe dejarse de leer es al Profesor Juan Bosch. No solo leerlo, sino estudiarlo e interpretarlo. Recomiendo leer al Bosch literato, sociólogo, el historiador, en ensayista y el político. El es el maestro de maestro.
Si tuvieras que recomendar un libro a una persona que no suele leer para que quede inmediatamente enganchado ¿cuál sería? Ahí va el mío, 1984, escrito por George Orwell
Una sociedad constantemente vigilada, una especie de Corea del Norte, un lugar donde se puede controlar hasta los pensamientos de las personas. Las familias tienen pantallas en sus casas que les graban 24h. Niños delatan a sus padres por no «sentir» el régimen, y entre toda esta atmósfera, el protagonista de la historia, intenta escapar de esta pesadilla. De este libro viene aquello del «Gran Hermano».

