La Historia de Narciso: El Espejo del Ego.

La historia de Narciso es una de las más conocidas de la mitología griega.
Según la leyenda, Narciso era un joven de extraordinaria belleza, hijo del dios río Cefiso y la ninfa Liríope. Muchas doncellas se enamoraron de él, pero Narciso las rechazaba a todas con arrogancia y crueldad.

Apropósito de la historia del narcisismo quiero insertar unos fragmentos de un artículo escrito por nuestro enjundioso académico dominicano, el psiquiatra Miguel Gómez.

Dice Miguel Gómez:

«La guerra de los “egos” se pone en evidencia a través de las redes sociales. Existe un mandamiento entre ser feliz, ser joven y tener belleza. A través de la publicidad, el cine, la televisión, las redes, hay una necesidad de exaltación hacia la validación, el consumo, la gratificación y el exhibicionismo en demostrar y demostrarse a sí mismo que somos exitosos y felices. Las redes sociales son la vía ideal para tener presencia, de exponer los logros, la grandiosidad y demostrar la eficiencia, el buen vivir, la opulencia y la vanidad al máximo. Nadie está en un confort mejor validado, aceptado y conquistado de sí mismo como una persona narcisista, a través de las redes sociales».

Una de las ninfas despreciadas por Narciso, llamada Eco, quedó tan afligida que su cuerpo se consumió hasta convertirse en una simple voz que repetía las últimas palabras pronunciadas por otros.
Némesis, la diosa de la venganza, decidió castigar a Narciso por su soberbia.

El doctor Miguel Gómez sigue craneando sobre el narcisismo y dice:

«El narcisista posee un ego híper-inflado, de grandiosidad, de superioridad, de belleza y confirmación, de atributos personales, que son superiores a las demás personas; o sea, “más inteligente, más eficiente, más emprendedor, el que mejor hace las cosas, el que más sabe de todo, el de mayores atributos y mayores éxitos”.

Sigue la historia de Narciso:

Un día, mientras Narciso cazaba en el bosque, se detuvo a beber agua de una fuente cristalina.
Al inclinarse, vio su propio reflejo en el agua y quedó prendado de su propia belleza.
Creyendo que la imagen reflejada era otra persona, Narciso se enamoró perdidamente de sí mismo.
Pasaba horas y horas contemplando su reflejo, sin poder apartar la vista.

Nuestro experimentado estudioso de la conducta humana, Miguel Gómez profundiza sobre el tema y suelta estas inferencias:

«Ahora las redes sociales se han convertido en el mejor espacio para demostrar la apariencia, el parecer, la manipulación, la auto gratificación y la trivialización, conquistando a los seres humanos como objetos, cosas o números, donde el narcisismo social encuentre su verdadero escapismo».

Sigue la historia de Narciso:

Narciso intentó abrazar y besar la imagen reflejada, pero sólo conseguía perturbar el agua y romper el reflejo. Desesperado por no poder alcanzar a su amado, se consumió de amor y tristeza hasta que finalmente murió a orillas de la fuente. En el lugar donde murió, nació una flor amarilla con pétalos blancos alrededor del centro, a la que se le dio el nombre de narciso.

Con dominio y conocimiento de lo que dice, Miguel Gómez no pierde el hilo y como todo una autoridad en las intríngulis humanas suelta lo siguiente:

Las personas ahora toman más ansiolíticos y antidepresivos, más cremas y más antiinflamatorios que nunca; todo para mejorar el coste directo e indirecto de una vida competitiva, angustiante y despersonalizadas. Las tecnologías y las redes se han convertido para algunas personas en adicción y hábitos tóxicos, en el escapismo para sustentar el parecer.

Esta trágica historia de Narciso en la mitología griega se ha convertido en un símbolo del exceso de vanidad y del amor propio desmedido.
También representa la imposibilidad de alcanzar un amor inalcanzable y la frustración que ello conlleva.

El ducho psiquiatra dominicano, quién por demás, es un ciudadano comprometido con las más nobles causas de la patria de Duarte y Luperón termina sus reflexiones sobre el narcisismo diciendo lo siguiente:

«El uso desmedido de las redes hace que las personas miren hacia abajo, que no usen el lenguaje, sino, que se comunican mandando imágenes de alegría o tristeza; pero no expresan sus sentimientos, emociones, ni dicen lo que de verdad necesitan expresar. De ahí que se van reproduciendo las personas alexitímicas, o sea, que no expresan afecto, emociones positivas, que no tienen empatía emocional; son personas frías, distantes, incapaces de expresar emociones».

«Ahora tenemos cientos de parejas jóvenes, que no se dan caricias, besos, o que no tienen contacto físico, intimidad ni sexualidad; la vida y sus intereses son las redes sociales, la tecnología, los videojuegos y el ciberespacio. Literalmente, la posmodernidad, la tecnología y el consumo han enfermado a millones de seres humanos».

«La clave para todo esto es, apostar al equilibrio, a la equidad y la eficacia; aprender limitar las redes, usarla de forma responsable; pero, reforzar los hábitos sociales, la lectura, los encuentros, los deportes, la música, el cine, el teatro, las tertulias y la vida integrada. El cerebro es social, se atrofia y pierde funciones ejecutivas cuando se termina en alexitimia y el narcisismo social».

«Ahora redes sociales son el mejor espacio para demostrar la apariencia. El narcisista tiene ego híper-inflado, de de superioridad, de belleza… Personas alexitímicas no expresan afecto, emociones positivas, no tienen empatía»

domingon.com/La Revista