De mis tres mascotas (Caninas) Pili, Butelo y niño, una la perdí. Niño se accidentó, no tuvo oportunidad de sobrevivir.

Domingo Núñez

Domingo Núñez
Niño
Pili

Los perros mueren. Pero los perros también viven. Hasta que mueren, viven. Viven vidas valientes y hermosas. Protegen a sus familias. Y nos aman. Y hacen que nuestras vidas sean un poco más placentera.

Butelo

Si no fuera por los perros, ¿cómo sabríamos el significado del amor incondicional?. Los perros llegan a nuestras vidas para enseñarnos sobre el amor y la lealtad.

Con su partida, al niño lo echaremos mucho de menos con su espíritu amable y dulce.
A propósito, ahora me asalta el recuerdo de un verso de un poema de Pablo Neruda dedicado a su mascota: “Toda su dulce y peluda vida, siempre cerca de mí, sin molestarme nunca y sin preguntarme nada”.
Otro grande del pensamiento y la ciencia, el creador de psicoanálisis, Sigmund Freud, también habló de lo placentero de las mascotas: “El tiempo que se pasa con su mascota nunca se desperdicia”.

Pili y Butelo jugando en el patio de casa.

Mi experiencia y vivencia con mi familia canina me han llevado a comprender que las mascotas forman parte de la familia.

La compañía de cualquier mascota evoca siempre ternura, compañía y amistad, cualidades que se intensifican cuando la soledad busca filtrarse en la vida de las personas; es en estos momentos cuando la mascota adquiere un papel más importante, al sentirlo parte de la familia y aún más, como un amigo. Por eso cuando fallece una mascota, especialmente un animal de compañía, puede ser un duelo incomprendido pero devastador en una casa, porque su ausencia puede dejar un enorme vacío.

Mi adorado niño, fiel amigo, con tu partida, en cada rincón de nuestra casa, tus huellas permanecen, recordándonos el amor incondicional que compartiste con nosotros.Tus ladridos alegres aún resuenan en nuestros corazones, recordándonos la felicidad que trajiste a nuestras vidas. Aunque tus patitas ya no toquen el suelo, tu espíritu corre libre y feliz por el patio de la casa.

Domingo Núñez