Caonabo, cacique de Maguana (esposo de Anacaona), era considerado el más valiente de los taínos de la isla Española: Colón lo describió como «el más osado y atrevido de todos los caciques». Pero, además, era la chispa inspiradora para luchar contra los españoles.

Caonabo fue apresado en 1495 por Alonso de Ojeda, lo cual era un mal presagio, según los ancianos taínos de la aldea. Estos inmediatamente atribuyeron el huracán a la presencia de los españoles en sus tierras. Los taínos estaban atónitos ante tan inusual evento climático, y con sus rituales mágico-religiosos buscaban una respuesta divina de los dioses, ya que ellos no tenían conocimiento de un desastre de tal magnitud.

Recio cacique quisqueyano en cuya voz se aposentó el rayo,

CANTO A CAONABO LIBRE

Por: Servio Tulio Almánzar Frías (1931-2005)

Las flautas milenarias de los bosques,

inundan los vientos patrios con un caudal

de notas vegetales,

para saludarte,

mas allá de la geografía de los huesos y el recuerdo.

Recio cacique quisqueyano en cuya voz se aposentó el rayo,

el rayo que da luz y que fulmina;

recio varón,

recio como las ceibas y los caobos,

en cuya savia navegan

pedazos de cielos antillanos.

Tenemos que gritarlo con voz de bronce arrebatado

en el pórtico mismo de la historia:

fuiste en tu Isla

atravesada de ambiciones exóticas,

dios silvestre de la guerra

semilla luminosa de heroísmo

árbol primitivo de dignidades.

Por ti, las montañas y los valles solitarios,

ensombrecidos por aquellos que les abrieron amargas rutas a la mar,

se poblaron de águilas guerrilleras,

y los vientos septentrionales empujaron

la lanza acústica de tu grito

hasta los mismos dominios igníferos del sol.

Sólo por los túneles retorcidos de la traición

pudo llegar Ojeda ante tu figura de atlética

palmera antillana,

porque frente a la luz acerada de los trópicos pequeños de tus ojos

temblaban los arcabuces

y los hondos secretos de tu tierra…

Desde el subsuelo de las comarcas,

donde alumbran las sonrisas de ámbar de los girasoles,

los ídolos antiguos recuerdan tus hazañas…

Indio amamantado en la urbe de la intrepidez

hermano del dios Términos

que protegiste los verdes lares quisqueyanos

contra los podadores de la rosa del oro.

Para llegar a la raíz del árbol de tu raza

sería necesario remontar los caudalosos ríos tropicales,

o escalar fortalezas pétreas de las cordilleras

en cuyos vértices anidan los relámpagos;

sería necesario recorrer los caminos profundos del tambor

donde trepidan las paredes del tiempo…

Después que el polvo escribió su elegía sobre la epidermis de los cemíes,

plasmaron en la sólida voz de la piedra

tu sagrado furor,

y tus piernas,

que fueron columnas vivientes del templo de Turey,

y tus manos,

que fueron nidos de cóndores o bosques antillanos de canela

están aprisionadas por anillos de hierro,

y ahora se levanta un viento amargo de protestas:

así no quieren verte nuestros cielos acribillados,

ni el explotado obrero,

ni el campesino acorralado,

ni el hombre de la urbe desolada,

ni el niño que ya conoce las letras sangrantes

de la palabra Patria.

¡Así no quiere verte la diosa de la Historia!

Ahora hay que convocar a los ángeles escultores

para que cincelen tu nueva estatua en la materia pura de las auroras,

y te presenten erguido sobre los agrios riscos

de Maguana,

empuñando el arco y la flecha,

¡coloso sagitario desafiando la voz terrible

de la pólvora,

y sembrando la Isla

de imperativas libertades!

.Acerca del autor

Servio Tulio Almánzar Frías nació en Moca en 1931. Doctor en Derecho de la Universidad de Santo Domingo. Miembro fundador de la agrupación cultural Los Juglares (1952) y miembro del consejo de dirección de la revista literaria Revelación (1954). Es autor de los libros inéditos de poesía “Eterno Mar” y “Canto a la Sangre”. Desempeñó importantes cargos en la judicatura dominicana. Como abogado publicó el libro “Formularios del Nuevo Código Procesal Penal” y múltiples artículos en periódicos y revistas especializados. Es progenitor del ensayista y también poeta Armando Almánzar-Botello. Falleció en Santo Domingo en 2005.

Tomado del muro facebook Ike Mendez

Sobre el Cacique Caonabo

Caonabo, cacique de Maguana (esposo de Anacaona), era considerado el más valiente de los taínos de la isla Española: Colón lo describió como «el más osado y atrevido de todos los caciques». Pero, además, era la chispa inspiradora para luchar contra los españoles. Ya capturado Caonabo, el Almirante Colón entró en la capital del recién conquistado cacicazgo de Maguana, desde donde escribió una extensa carta a los Reyes Católicos, fechada el 15 de octubre de 1495.

Caonabo fue apresado en 1495 por Alonso de Ojeda, lo cual era un mal presagio, según los ancianos taínos de la aldea. Estos inmediatamente atribuyeron el huracán a la presencia de los españoles en sus tierras. Los taínos estaban atónitos ante tan inusual evento climático, y con sus rituales mágico-religiosos buscaban una respuesta divina de los dioses, ya que ellos no tenían conocimiento de un desastre de tal magnitud.

En esta tesitura, cuenta el Almirante que el fenómeno atmosférico fue tan fuerte (posiblemente el huracán fue categoría 5) que arrancó de raíz los árboles más grandes, «los árboles que desde la crianza de Adán eran nacidos», según Colón manifiesta en la carta, donde también cuenta que el huracán hasta quebró las amarras de las carabelas en el puerto de la Isabela (Puerto Plata) y las hundió. Menciona también el Almirante la entrada del mar a tierra: «Crecieron las aguas de la mar más de dos brazas a tierra adentro, que adonde solía ser seco y hondo».

El Almirante estaba ajeno a fenómenos atmosféricos de esta magnitud en tierra, al no saber describir un «huracán» (palabra taína que utilizamos hoy en día), ni mucho menos el término «ciclón» (proveniente del inglés cyclone, y este a su vez del griego kykloûn ´remolinar´). Además, se debe considerar que Colón no dominaba el español en su totalidad; siendo genovés y marinero, utiliza dos términos en italiano que son similares: tempesta e terremoto (´tempestad´ y ´terremoto´).

¿Habrá tenido razón el Almirante al decir que fue un terremoto junto con un tsunami? ¿Ocurrieron los dos fenómenos al mismo tiempo (un terremoto y un huracán)? Son preguntas dignas de un estudio científico más profundo; recordemos la situación de los huracanes y de los terremotos en México en el 2017.

Debajo podemos leer el fragmento de la carta de Cristóbal Colón:

En el mes de julio (1495), en un momento se engendró un viento con un terremoto y tanta tempestad del cielo, no muy lejos, do vino por línea derecha de parte de levante [el oriente] por esta sierra, al luengo de la mar, arrancando los árboles que desde la crianza de Adán eran naçidos; y vino a parar aquí a La Isabela, adonde sin ninguna tormenta de mar quebró las amarras a estas naos y las echó al fondo junto con tierra. No peligró en ellas criatura. Espantados quedan los indios, en especial los antiguos, que dicen que jamás acaeció otro terres moto que acá se supiese, y nos echan la culpa. Una cosa acaece aquí que paresçe maravilla: que después que aquí estamos, en cresçido las aguas de la mar más de dos brazas la tierra adentro, que adonde solía ser seco, y fondo. El puerto es bueno, y se muestra en todas estas tierras no debe haber habido tormenta jamás, porque los árboles y yerbas están metidas hasta el agua. Otro puerto tenemos aquí al este, a tres leguas, que Degran se llama. Cabrán en las todas las naos del mundo. La entrada será de setenta pasos, y allí todas las naos pueden estar.