Por Domingo Núñez
Craneando sobre la posverdad, el hombre light, sociedad del conocimiento, principios y espiritualidad.

Por de pronto no debemos caer en la trampa del consumo desmedido que nos vende el capitalismo y ver más nuestro lado espiritual para mantener el equilibrio con todo ser vivo alrededor nuestro.
De qué nos ha servido la era del conocimiento, o más bien «La sociedad del conocimiento»?
Desde el punto de vista espiritual, nada; salvo conocimientos tecnológicos y científicos que nos han acomodado la vida, hemos penetrado y optimizado con eficiencia la naturaleza, hemos alcanzado saber el porqué de las cosas y hacer grandes predicciones físicas y climáticas-ambientales del planeta tierra y del universo. Pero, en sensibilidad humana, valores humanos y solidarios no pasamos la escuelita, nos hemos quemados.
La revolucion tecnico-cientifica nos ha traído «la sociedad del conocimiento»; pero al mismo tiempo nos ha deparado el mundo de «la posverdad», término conocido también como mentira emotiva. Refiere a la distorsión deliberada de una realidad, manipulando creencias y emociones con el objetivo de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales, tal y como lo define la Real Academia Española de la Lengua (RAE).
Lo de Rusia/Ucrania, Israel y su genocidio en la Franja de Gaza, por ejemplo, son hechos objetivos y realidades que tienen menos impacto que los argumentos y las narrativas que construye EU y la OTAN, un discurso con la finalidad de crear y modelar la opinión de las personas que le escuchan e influir en su conducta. Esa es la posverdad que nos han traído estos nuevos tiempos: Mentir, falsear realidades vía matrices mediáticas en favor de los incólumes «valores occidentales»
Finalizando con esta perorata del termino «Posverdad», recordamos que por su impacto en el discurso político e intelectual y en la conciencia social colectiva en los últimos años llevó a que el prestigioso diccionario inglés de Oxford lo escogiera en 2016 como palabra del año. La definición que dan los académicos de Oxford de posverdad es muy similar a la de la RAE: “El fenómeno relativo o que denota circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales”.
Pues bien, sucede y viene hacer que al adentrarme en estas divagaciones reflexivas a comienzo de este nuevo año 2024 me llega a la mente el autor del libro «El hombre Light» Enrique Rojas.
Dice nuestro ecuánime y profundo autor E. Rojas: «El hombre light es un producto de nuestro tiempo que aún no ha experimentado la paz interior y la felicidad». (…) «un nuevo tipo humano en la sociedad occidental del bienestar: el hombre light. Se trata de un ser hedonista y materialista cuya única meta en la vida consiste en alcanzar el éxito; un ser al que solo le interesan el dinero y el consumo. En definitiva, un hombre infeliz e inseguro, vulnerable e indiferente por saturación, que ha hecho de la permisividad su nuevo código ético y que va desde la tolerancia ilimitada a la revolución sin finalidad».
El doctor Enrique Rojas nos descubre en este apasionante libro las claves psicológicas del hombre light y nos ayuda a conocer cuáles son las vías de salida para superar el gran vacío existencial que produce la falta de valores e ideales»
Por lo que veo, siento y parpadeo, se cierne una gran preocupación en los líderes sensatos y comprometidos con el porvenir de la humanidad frente al derrotero de riesgos de nuestra autodestrucción colectiva, sin duda, el más peligroso camino a que nos estas conduciendo el insensato y mediocre liderazgo occidental, dígase EU, OTAN, y el rancio poder político europeo.
El poder de las corporaciones y de los capitales bancarios sigue dividiendo y contraponiendo a los pueblos para controlarnos, cada vez más, y para reducir nuestro número, ya que somos percibidos, cada vez más, como una carga social insoportable para los gobiernos neoliberales.
Lo de la política para la reducción de la población no es ninguna metáfora, es literalmente así. Nos muestran un mundo inexistente con sueños adulterados, objetivos fraudulentos y medicamentos vencidos para enfermedades incurables.
Qué pasa con nuestra clase intelectual pensante?
Estamos esperando orientaciones, propuestas serias y generosas de ustedes. La clase pensante, la que piensa filosóficamente, la que avizora los malos augurios de una era que caduca y pregona las esperanzas y el encanto de la dulce transición al porvenir.
Esperamos ansiosos a nuestra clase intelectual comprometida con las sanas aspiraciones de los pueblos del mundo a interpretar, orientar y trazar rutas que nos conduzcan a la llegada de una promisora y venturada primavera.
Vemos y nos preocupa que los estados nacionales, que aún no están completamente subordinados a la mafia internacional, eufemísticamente llamada «occidente colectivo», sucunban frente a la malsana pretensiones de los que siempre se han opuestos al despertar de las multitudes. La conciencia colectiva debe acudir a defender a estos Estados como el último chance de nuestros pueblos.
Los pueblos de America Latina, el Caribe, África, Asia y el mundo Árabe para alcanzar una plena soberanía e independencia, es muy importante darse cuenta de que el único futuro posible está en nuestra nueva futura unión, sobre la base de principios y valores radicalmente diferentes a los que rigen hoy el mundo.
Ojo!! Nunca antes el trabajo deliberado para nuestra deshumanización e idiotización ha sido tan fructífero, y nunca antes en la historia, la humanidad se ha enfrentado a un desafío mayor, más creativo y más loco que el saltar al abismo preparado.
Cuando hablamos de principios y valores, hablamos de espiritualidad, algo imprescindible para todas nuestras búsquedas, luchas y esperanzas. La espiritualidad es un concepto extremadamente frágil y confuso, usado y abusado a lo largo de los tiempos, privatizado por las religiones y muy cuestionado por otros irreverentes. Pero aquí está, la necesitamos como referente moral.
Vista de este modo, la espiritualidad tal vez debería evolucionar hacia una nueva construcción mental donde sería comprendida no como la pertenencia a uno u otro credo religioso, sino nuestra capacidad de caminar descalzos los senderos intransitados de nuestros corazones y cada vez ser más alumnos y menos maestros. La verdadera espiritualidad no se basa en la fe, sino en la experiencia. Si algo aprendimos del siglo pasado es a desconfiar de las fórmulas que prometen la felicidad para todos. Pero aún más necesitamos luces de nuestro reciente pasado para alumbrar lo que viene. Dicen por ahí: «La historia es el espejo del porvenir»
Por ultimo, rememorando al gran escritor y humanista soviético Iván Yefrémov, conocido por sus novelas de ciencia ficción, en 1971 soltó estas palabras para nuestro hoy: «Las generaciones acostumbradas a un modo de vida honesto deben extinguirse en los próximos 20 años, y entonces se producirá la mayor catástrofe de la historia»
«La única salida está en la más estricta autorrestricción de las necesidades materiales, basada en la comprensión del lugar del hombre y de la humanidad en el universo como especie pensante, en el autocontrol absoluto y en la superioridad incondicional de los valores espirituales sobre los materiales. Comprensión de que los seres inteligentes son un instrumento de conocimiento del propio universo. Si esta comprensión no se produce, entonces la humanidad se extinguirá como especie, simplemente en el curso natural de la evolución cósmica, como no apta para esta tarea».
«El deseo de cosas caras, autos potentes, casas enormes, etc., es un legado del complejo freudiano de la psique desarrollado a través de la selección sexual. La enseñanza y la educación deberían empezar por enseñar psicología como la historia del desarrollo de la conciencia humana e historia como la historia del desarrollo de la conciencia social»
«La física, la química, las matemáticas son disciplinas obligatorias, pero lejos de ser suficientes para la conciencia del hombre moderno con su enorme densidad de población y, como consecuencia, de información, con el inevitable lavado de cerebro necesario para mantener el orden social actual. Debemos entregar a un adolescente de 12-14 años una idea de sí mismo como creador de lo nuevo, explorador de lo desconocido en lugar del estereotipo del «filisteo de éxito», que ha llenado toda la noosfera occidental y está firmemente arraigado en la nuestra».
Y hoy viviendo la profecía de Yefrémov, seguimos en deuda con nuestra misión fundamental.
Domingo Núñez

El tema es interesante y digno de analizar con profundidad. Son varios planteamientos que de una forma u otra nos llevan a la necesidad de reencausar el porvenir, pero haciendo una combinación de la vida nueva con la vida vieja, claro, profundizando en lo que vivimos ayer y debemos cambiar hoy, sin dejar de ver, qué debemos cambiar de la vida del hombre light, teniendo en cuenta que debemos mantener los valores que permiten la unidad familiar, con gran apego a la espiritualidad divina. Julio Arias. jariasreyes@hotmail.com
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