Oleo pintado por Miguel Nunez, el pincel de la patria. Coleccion: Camino hacia el corazon de la Isla.

Esta tarde, hoy lunes 17 de julio la capital, Santo Domingo de Guzman se has desparramado en agua.
Lo he dicho y repetido: cuando veo la lluvia caer me deja un algo melancólico, nostalgia de los tiernos años en la campiña del abuelo. El verdor, la quietud, el angelical cantar del vespertino ruiseñor,  una especie del «silencio del sonido». Esos años quedaron marcado como una «mancha indeleble» perenne.

Con la lluvia de esta tarde han vueltos los recuerdos de aquellos deslubrantes espectáculos que suele darnos la naturaleza. Tambien llega a mi memoria la humildad, inocencia y franqueza de la gente en la ruralidad.
Esa  sana vivencia de la ruralidad fue la que inspiro a Juan Bosch en el criollismo al enrumbarse por el oficio de escritor y literato. Esas mismas vivencias me llevaron  amar el campo y la naturaleza de sus pobladores.

Proteger y velar por la naturaleza es compromiso de todos. Cuidar el medio ambiente es de ley, pero más perentorio es que cada ciudadano del campo y la ciudad lo asuman con conciencia como un caso de supervivencia de la especie humana.

Me gusta, cuando de tarde en tarde veo la lluvia caer. Sostengo que la lluvia es un oda a la naturaleza.

Domingo Nuñez Polanco.