
Ciertamente la política es una ciencia. Tiene sus métodos tan rigurosos como cualquier otra ciencia; hay que estudiarla en la teoría y ejércela en la práctica. Para entender esto recomendamos leer «La función del líder» de Juan Bosch. Los Lideres deben primero conocer la estructura interna de la sociedad donde actúan de lo contrario ese líder no trazará o tomará posiciones políticas correctas tal como exigen los procesos históricos, sociales y políticos, en este caso se juega a la política y ahí es que la puerca retuelsa el rabo.
Hay algunos conductores de pueblo que aprenden la ciencia política en el fragor de la lucha. Luperón es un ejemplo, sin instrucción suficiente, solo la valentía y el patriotismo como virtud, hizo de la política una teoría y una práctica.
Miren como Luperón desde el ayer (1879) nos pinta la práctica política de hoy, el clientelismo y el populismo.
Luperón y su enfoque del clientelismo político.
En una oportunidad Luperón alertó a los Jefes de partidos y clientela política diciendo: “forzosamente tiene que estar rodeado de una multitud de clientes, hasta que su bolsillo sangre por todos los poros, y no hay peores enemigos que sus mismos partidarios por sus indescriptibles indiscreciones. «No hay exigencia que no le sea dirigida, y es por eso que los jefes de partido pueden ser príncipes hoy y mendigo mañana; y no se crea que es por conseguir popularidad, sino porque las exigencias de sus partidarios no cesan hasta conducirlos a la miseria, donde los abandonan para seguir a otros» (Notas autobiográficas III: 192

