Su mérito –entre otros- es haber llevado el saber y el conocimiento, a la gente común que hasta entonces, estaba reservado a los nobles en sus palacios. Le dio a sus conciudadanos, conciencia de sus derechos como seres humanos. Confucio no fue un Dios ni fundó ninguna religión. Pero su persona despertó tal respeto y veneración, que se le rinde homenaje como tal.

“Los hombres superiores no solo marcaron caminos. Fueron los primeros en recorrerlos”.
Parece un contrasentido que 5 de los hombres que más y mejores ideas expresaron, no escribieron una sola línea. Pero sí sus discípulos y seguidores.
Estamos aludiendo a Buda, a Sócrates, a Moisés y a Jesús. Tampoco escribió nada el hombre del que me ocuparé hoy, Confucio. Aunque hay versiones muy discutibles de algunos autores, le atribuyen algunos tratados de doctrina.
En todo caso, pudo ser un compilador de antiguas tradiciones. Se llamó Kung-Fu y fue el primer gran moralista del vasto mundo oriental. Un misionero italiano, lo denominó Confucio, derivado en latín de su nombre Kung-Fu.
Habría nacido en el año 551 de la era anterior, en un pueblo de la actual Pcia. de Shantung, en China.Su padre era casi anciano, cuando él nació y falleció cuando tenía 6 ó 7 años. Se crió entonces, con su madre, mucho más joven que su padre.
Vivió en una época envuelta en el caos por conflictos y desencuentros. Estos hechos acrecentaron su deseo de reformar la sociedad y mejorar a los individuos y a los gobiernos.
Confucio no fue un Dios ni fundó ninguna religión. Pero su persona despertó tal respeto y veneración, que se le rinde homenaje como tal.
Su mérito –entre otros- es haber llevado el saber y el conocimiento, a la gente común que hasta entonces, estaba reservado a los nobles en sus palacios. Le dio a sus conciudadanos, conciencia de sus derechos como seres humanos.
En China y en varios países, especialmente asiáticos, como la India, se celebra como fiesta nacional el día de su nacimiento, 28 de septiembre.
Desde la edad de treinta años, se dedicó a la enseñanza y su fama fue tanta que fundó una academia que llegó a tener más de tres mil alumnos, llegados de todos los rincones de China.
Con su muerte a los 73 años, comenzaron a edificarse templos en su honor. Actualmente hay seis de ellos, solamente en la ciudad de Taiwan y centenares en toda China.
Confucio se casó muy joven, a los diecinueve años. Tuvo un solo hijo. Y ambos, mujer e hijo, murieron tempranamente. Con su pena a cuestas, comenzó a refugiarse en la soledad de los caminos.
Fue nombrado Ministro de Trabajos Públicos y luego de Justicia de un principado, cargos que ejerció por un año.
También, se había encontrado con otro grande de la filosofía china: Lao-Tse, con quien había coincidido en todo. Pero él sentía que su vida consistía en estar cerca de la naturaleza y en predicar la moral y la nobleza, entre los hombres de su tiempo y a tratar que fueran elegidos para gobernar, los más buenos y los más justos. Y una breve anécdota final.
En una ocasión iba por un bosque con varios discípulos, cuando se cruzaron con un mendigo, que había sido vecino de Confucio.
Un discípulo le dijo al vagabundo
-Incorpórate a nuestro grupo, buen hombre. Y este le respondió:
-No me uniré a gente encabezada por un hombre tan falso como Confucio.
El discípulo, ante la ofensa a su maestro, quiso agredir al vagabundo.
Confucio lo detuvo diciéndole:
-¿Por qué lo agredes?. Y el discípulo respondió:
-Porque lo ha ofendido a Ud., tratándolo de falso.
Entonces, Confucio le contestó:
-¿Cómo sabes que él está equivocado?. Tu no puedes saber si en mi interior soy o no hipócrita.
En resumen, Confucio no pretendió ser un iluminado, ni el fundador de una religión. Su única preocupación fue enseñar a los hombres de su tiempo, una moral y una manera más humana de comprender la vida.
Y un aforismo final, creado por Confucio, que dejó a su pueblo la más valiosa de las herencias: la valoración moral y espiritual de la vida. Y creo este aforismo que sigue vigente a través de los siglos y dice así:
“No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”.
José Narosky
Tomado de la Prensa
