
VG: ¿Podríamos hablar ahora algunas cosas que hizo usted antes de la etapa de que estamos hablando, como, por ejemplo, de sus viajes a los países socialistas y su encuentro con el marxismo?
JB: en lo que se refiere a mi encuentro con el marxismo debo decir que mis primeros contactos con marxistas fueron hechos en Cuba, donde conocí y traté a toda la alta dirección del Partido Comunista como Juan Marinello, Nicolás Guillén, Lázaro Peña, Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez y varios más. Tal vez te sorprenda saber que ninguno de ellos hizo nunca el menor esfuerzo para que yo me convirtiera en marxista ni me hablaron de eso ni me prestaron libros ni discutieron conmigo en el terreno ideológico; pero éramos amigos y manteníamos buenas relaciones hasta el día en que Carlos Prío rompió con ellos porque creyeron que yo había influido en él para llevar a cabo esa ruptura, y no fue cierto. Lo que llevó a Prío a romper con el Partido Comunista fue la presión del obrerismo auténtico (del partido llamado Auténtico, que era el Revolucionario Cubano), que se hallaba bajo la dirección de Eusebio Mujas. Recuerdo el caso de mi libro “Cuba, la Isla Fascinante”, que estaba escrito cuando Carlos Prío fue derrocado por Batista, y cuyos originales estaba él leyendo. Pues bien, en ese libro le dediqué varias páginas a Nicolás Guillén, que era un destacado militante comunista, y lo hice con la admiración natural hacia un gran poeta pero también con el sentimiento fuerte de amistad que siempre tuvimos el uno para el otro. Yo pasé por la vida política de muchos países y durante largos años como un creyente sincero en la democracia, recibiendo a veces ataques muy fuertes de los comunistas dominicanos y cubanos, pero también tuve muchos buenos amigos comunistas en Cuba y en Venezuela, donde conocí y traté a Gustavo Machado y a Héctor Mujica, el mismo que ahora es candidato del Partido Comunista de su país a presidente de la República, y naturalmente a muchos más, pero debo decir que no conocía el marxismo y que ninguno de esos amigos trató de que yo me hiciera marxista. Cuando me dije a mí mismo que debía estudiar a Marx porque los hechos me demostraron que los comunistas tenían razón al llamar imperialistas a los Estados Unidos fue a raíz de la invasión militar de 1965. Ese hecho, y nada más, fue lo que me llevó a estudiar a Marx.
VG: Precisamente, en estos días estuve leyendo de nuevo el discurso de Fidel del 1ro. de mayo de 1965, en el cual dice que Juan Bosch no era comunista ni cosa parecida, pero quien sabe lo que será después de lo que han hecho los yanquis en nuestro país.
JB: Sí, Fidel dijo más o menos que de ahora en adelante veremos lo que va a ser Juan Bosch; y es que Fidel Castro se dio cuenta de que yo no me había dedicado a la lucha política para conseguir posiciones o dinero. Fidel me conocía y sabía qué clase de vida era la mía, y pensó, con razón, que yo me iba a plantear la pregunta de cuál era la causa de esa grosera invasión militar de 1965; y efectivamente, me la planteé, y al hacerlo me dije a mí mismo: “Pero los que tienen la razón son los comunistas. Y he sido hasta ahora un equivocado y no me pasó por la cabeza ni siquiera la idea de que los yanquis iban a invadir esta país o cualquier otro de la América Latina; eso era algo que no concebía”.
VG: ¿Cuándo llegó usted a esa conclusión?

JB: Fue un proceso largo. Al principio estaba indignado contra Johnson y sus cómplices; después, al volver al país el 25 de septiembre de 1965, empecé a decirme eso de que los que habían tenido razón habían sido los comunistas, y esa etapa fue muy rica en observaciones porque en ella empezó el llamado escalamiento de la guerra de Vietnam, que fue una escuela de crímenes. Debo decirte que los hechos de Vietnam jugaron un papel muy importante en mi acercamiento al marxismo.
VG: ¿Y España? ¿Qué papel jugó España? Se lo pregunto porque allá escribió usted el libro sobre el Caribe y el Pentágono.
JB: En España hice la decisión de estudiar a Marx, pero no pude hacerlo mientras estuve en ese país porque tenía mucho trabajo. Fue en París donde compré libros marxistas, una colección de tres tomos de trabajos de Marx y Engels publicados en español por una editorial de La Habana. Los compré en la Librería Maspero, que está cerca del Boulevard Saint Michel, lo recuerdo bien.
VG: ¿Puede decirse, entonces, que en esos libros halló usted el camino hacia el marxismo?
JB: Sí; en ellos empecé a estudiar a esos dos padres del socialismo científico llamados Carlos Marx y Federico Engels. Leyéndolos directamente, no a través de intérpretes suyos que a veces dicen tantas tonterías, me di cuenta de que la verdad era la de ellos y yo era el equivocado. Ya había estado en Yugoslavia y en Rumanía donde me convencí de que en los países socialistas no se comían los niños crudos, como afirmaban en los Estados Unidos, y además estaba lleno hasta la boca de los crímenes que se cometían en Vietnam.
VG: ¿Pero usted no había ido todavía a Vietnam?.
JB: No, pero era como si hubiera ido porque la propaganda norteamericana se encargaba de informarnos todos los días de los miles de muertos que causaban sus aviones y sus tropas en Vietnam. ¿No te acuerdas de eso, de los cables de la AP y la UPI dando cuenta de las bajas diarias que tenían los vietnamitas? Los norteamericanos hablaban de sus matanzas con una tranquilidad que me llenaba de indignación. No era que los vietnamitas los acusaban de esos crímenes; eran ellos mismos quienes los contaban todos los días.
VG: ¿Quiere decir que la propaganda de la guerra de los Estados Unidos contribuyó en algo para que usted se hiciera marxista?
JB: Sí, y también las acusaciones de marxista que se me hacían, sobre todo las que me hacía el Dr. Balaguer. Recuerdo por el año 1968 o tal vez en el 1969, en l a Memoria presentada al Congreso por la Secretaría de las Fuerzas Armadas, supongo que el 16 de agosto, se decía que yo iba a Rusia a buscar armas para organizar la revolución comunista en la República Dominicana. Todo eso me llevó a leer a Marx y Engels, porque si se me acusaba de Marxista sin saber yo lo que era el marxismo debía estudiarlo para saber a qué se debían esas acusaciones, y leyendo a Marx y a Engels me di cuenta de que le marxismo era la verdad histórica, la verdad filosófica, la verdad teórica, y en fin la verdad universal. Debo confesar que tengo que agradecerle también a la propaganda sucia de los norteamericanos el hecho de haberme llamado la atención sobre el marxismo; y lo agradezco porque lo cierto es que el conocimiento del marxismo me ha convertido en un hombre nuevo; nuevo en ideas, en la concepción de la vida y del mundo, pero también nuevo fisiológicamente porque la renovación de la máquina de pensar que tenemos en la cabeza se refleja en una renovación de todo el cuerpo.
VG: ¿Qué papel jugó en su paso al marxismo el viaje que hizo a fines del 1969 a países socialistas del Asia?
JB: En ese viaje vi el marxismo funcionando como sociedades organizadas en Estado, y eso me impresionó mucho.
VG: ¿Le impresionó la Unión Soviética?
JB: No, porque no fui a la Unión Soviética; solo pasé por su territorio de camino hacia Corea en el viaje de ida, y como de Corea me fui a China y de China a Vietnam para volver a China, por Cantón y Shangai, no volví a pasar por la Unión Soviética.
VG: ¿Y lo que vio en esos países le confirmó lo que había pensado cuando leyó a Marx y Engels?
JB: Sí, y esa confirmación aparece en los artículos que escribí con el título de Viaje a los Antípodas.
VG: Por lo que usted dice, parece que fueron muchas las cosas que lo llevaron al marxismo.
JB: Sí; yo diría que fue la vida misma, incluyendo como parte importante de la actitud de los enemigos, con sus persecuciones ideológicas y materiales. En mi caso no hubo influencias de marxistas aunque tuve muchos amigos de categoría en el campo marxista de varios países de la América Latina.

