El árbol es el ser viviente más prodigioso de la naturaleza. La misma naturaleza moriría sin el árbol. La foresta nos da la madera y el papel. Pero la mayoría ignora que la aspirina –hoy sintetizada en laboratorio- tuvo su origen en el sauce blanco, cuando en 1829 un farmacéutico francés, Pierre-Joseph Leroux, extrajo de él la salicina, su principal componente.

Desde los propios albores de la humanidad, incluso desde el inicio de la vida misma el árbol ha sido pieza clave, un gran aliado para el hombre en su paso hacia la civilización, saliendo de las cavernas y dejar de vivir a la intemperie para formar vida sedentaria formando un habitad para dar surgimiento a la agricultura y proveerse de alimentos para su alimentación y dejar de ambular por las praderas y bosques sin rumbo fijo, dejando su característica de animalidad nómada. Este proceso dialectico sociocultural de agruparse, vivir y producir en comunidad fue un paso gigantesco en el millonésimo camino en el tiempo para llegar al estadio de desarrollo de la civilización humana de hoy día. 

Dejar de ser colectores nómadas y alcanzar nueva forma de vida de subsistencia y agrupamiento lo hizo vulnerable a enfermedades propia de hacinamientos humanos y de alimentos almacenados sin la debida conserva de protección. Los primeros curanderos recurren a la magnanimidad, ¿de quién?  de árboles y plantas.  

El árbol es también un aliado en la lucha contra el cáncer. El taxol (paclitaxel), un anticancerígeno usado en tumores de mama, ovario, pulmón, vejiga, próstata, esófago y también contra el melanoma y el sarcoma de Kaposi, fue creado en 1968 a partir de un compuesto extraído de la corteza del llamado Tejo del Pacífico (Taxus brevifolia), una conífera que crece en la costa noroeste del Pacífico en EEUU. Existe además otra gran cantidad de remedios naturales que se fabrican a partir de las flores, las hojas, la resina o el látex de los árboles, incluyendo diuréticos, relajantes y vasodilatadores.

En áreas rurales, el árbol combate la erosión de los suelos y sus raíces fijan las orillas de los ríos impidiendo que las corrientes las “devoren”. Contribuyen también a evitar inundaciones por la cantidad de agua que retiene.

Los bosques durante su crecimiento absorben el bióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y lo convierten en carbono que se almacena en su tronco, raíces y hojas. Adicionalmente queda carbono almacenado en el suelo, en la materia orgánica al ras del suelo (hojarasca) y en los árboles muertos.

Su presencia es por lo tanto vital en las ciudades, en las cuales además regula la temperatura, no sólo por la sombra que da su copa, especialmente en verano, sino porque su “respiración” humedece el ambiente.

“Gracias a la fotosíntesis, el árbol es nuestro mejor aliado en la lucha contra el calentamiento global”, dice el botánico francés Francis Hallé.

Como refugio de aves, permite que el sonido de su canto compense un poco el barullo de la ciudad. Ruido que, por otra parte, contribuye a amortiguar dado que el árbol es también pantalla anti-decibeles.

Existe una vida subterránea posible gracias al árbol: gusanos y mamíferos viven de sus raíces que también albergan hongos –la codiciada trufa entre otros-, líquenes e insectos. A orillas del río, muchos peces anidan en los recovecos de esas raíces, como los pájaros en sus ramas.

Además, embellece el paisaje, tanto rural como urbano. Sin los árboles, más de una calle exhibiría una triste desnudez, con fachadas grises, carentes de estilo, uniformidad o buen gusto. No siempre es el caso, desde ya: hay ciudades con clase y con arquitectura cuidada. Pero cuando eso falta, no hay mejor remedio que el árbol.

Además, los árboles producen oxígeno, purifican el aire, forman suelos fértiles, evitan erosión, mantienen ríos limpios, captan agua para los acuíferos, sirven como refugios para la fauna, reducen la temperatura del suelo, propician el establecimiento de otras especies, regeneran los nutrientes del suelo y mejoran el paisaje.

Ciudadanos del mundo tomen conciencia y conocimiento de que   el árbol es la fuente primaria de vida en el planeta tierra. No seamos los responsables de la desaparición de la especie viviente, incluyéndonos a nosotros mismos

Plantar un árbol y cuidarlo es cultivar la esperanza de un mejor `porvenir de la humanidad